Luka Modric, el refugiado que llegó a convertirse en el mejor jugador del mundo

La muerte de su abuelo en 1991 a manos de paramilitares pro-Serbia cambió la tranquila vida del pequeño Luka.

Modric ganó el Balón de Oro en 2018.

Eduardo Domínguez

"Quédese atrás: puede haber minas terrestres sin explotar en el área", se puede leer en distintos carteles que se encuentran ubicados a unos metros de la que fuera casa de Luka Modric (Zadar, 9 de septiembre, 1985), una cruda advertencia que es a la vez huella de la guerra que dividió a Yugoslavia y que llevó a 200 mil personas a la muerte durante la década de los 90.

Ubicada en la aldea de Zaton Obrovacki, que está situada en las laderas del Velebit, una majestuosa cordillera que recorre Croacia, esa casa fue durante tres generaciones el refugio de los Modric, hasta que un grupo de asesinos afín al régimen del serbio Slobodan Milosevic acabó con su tranquilidad en el invierno de 1991.

En esas veredas, según el propio jugador, se la paseaba pateando un balón y también cuidando a sus ovejas, una vida de tranquilidad que se esfumó después que Croacia declara su independencia; tras ese anunció, sus padres, Stipe y Jasminka, abandonaran sus trabajos en fábricas de textiles para sumarse al ejército de liberación croata.


El adiós al abuelo

La vida laboral de los padres de Luka les hacía imposible pasar mucho tiempo con él, por lo que su abuelo, de mismo nombre, se encargaba de sus cuidados en lo que volvían a casa. De esa forma, ambos estrecharon su relación entre juegos y el pastoreo, sin pensar que todos esos grandes momentos acabarían de forma intempestiva.

El 18 diciembre de 1991 irrumpieron en la localidad algunos Obrovac Chetniks, paramilitares que apoyaban la ocupación de Serbia en Croacia y que sembraban el terror por donde avanzaban, y para el infortunio de los Modric aparecieron en el camino del abuelo de Luka. El periódico Zadarski List (abril de 1995) lo describiría así:

"Los alegres chetniks se encontraron con un rebaño de ovejas y cabras, y un hombre que cuidaba al rebaño, mientras pastoreaba el pasto pobre de la montaña. Era Luka Modric de Zaton Obrovacki.

"Los Chetniks detuvieron el auto de inmediato, salieron y corrieron hacia el pastor inocente mientras aún cantaban la canción con sus gargantas gruesas.

"¿Quién eres?, ¿qué estás haciendo aquí? Esta es una tierra serbia", respondieron.

"Lo empujaron, lo golpearon y le gritaron: '¡Muévete, muévete!'. El aterrorizado pastor dio un par de pasos inestables 'hacia adelante' y luego, Velebit hizo eco de terribles disparos.

"Luka Modric cayó, derribado...”

La familia se dividió

El cuerpo del abuelo fue encontrado a casi 500 metros de la casa, al igual que los de otros ancianos que habían sido asesinados, por lo que los padres de Luka determinaron dividirse para correr los menores riesgos posibles. Stipe se quedó con el ejército croata, su labor como técnico de aviones se hizo fundamental, mientras que Jasminka tomó a su hijo y a su hermana Jasmine para irse de ahí.


"Yo tenía una relación increíble con mi abuelo, porque mis padres trabajaban y pasaba mucho tiempo con él. Fue muy triste lo que le pasó, y me marcó porque era muy joven y él era una persona muy importante. Me afectó mucho. Era pequeño y aún no era consciente de por qué pasan algunas cosas. Tengo cosas grabadas, cómo le fueron a buscar. Él iba con sus animales y siempre volvía a la misma hora, pero ese día no apareció", señaló Modric en octubre de 2020.

El destino final de los tres sería el Hotel Kolovare, de la ciudad de Zadar, un refugio que se parecería más a una prisión, ya que quienes lo habitaban tenían prohibido salir de ahí, aunque eso no impidió que el niño siguiera con la práctica del futbol, ahora incluso ya más acompañado por otros amigos que encontró ahí.

“Cuando llegamos al hotel, Kolovare, recuerdo que había un montón de gente, muchos chicos, así que tenía un montón de amigos. A pesar de la guerra, yo era un niño y no era consciente de ella, ni de todo lo que sucedía a mi alrededor... Me ayudaron a sobrellevar la situación mis padres, que son optimistas por naturaleza”, recopiló El Mundo (julio de 2018).


Regresar a casa fue imposible

La guerra entre Croacia y Serbia se encaminaría en 1995 gracias a la llamada Operación Tormenta, en la cual los croatas expulsaron a casi 250 mil serbios de sus territorios entre crímenes de lesa humanidad, y eso hizo posible que Stipe por fin estuviera en condiciones de regresar con su familia para buscar retomar su vida en Zaton, aunque eso ya no pudo ser.

Y no es que haya ocurrido una tragedia, sino que el pequeño Luka había mostrado un talento para jugar al futbol, por lo que ahora su labor fue apoyarlo, a pesar de su estatura y escuálido cuerpo que le dejó la guerra. Siempre fue el más delgado y pequeño, pero igual el más frío y talentoso para conducir el balón.

Si bien esa condición física lo llevaría a ser rechazado por el club de sus amores, el Hajduk Split, Luka encontró otra oportunidad en el Dinamo Zagreb con 16 años, para de ahí avanzar en una carrera que lo llevaría al HSK Zrinjski Mostar, de Bosnia-Herzegovina, después a Inter Zapresic y de ahí al propio Dinamo para catapultar su rica carrera.


Juande Ramos, entrenador del Tottenham Hotspur, lo pidió y en abril de 2008 fue firmado a cambio de 16.5 millones de libras, para de ahí dar el salto al Real Madrid, club que desembolsaría 35 millones de euros por él, una acertada decisión que lo convertiría en uno de los mejores del mundo en el centro del campo, lo que se reflejó en cuatro Champions League.

Sin embargo, su mayor logro sería gracias a la selección de Croacia, a la cual impulsó al subcampeonato en Rusia 2018, hecho que le valdría también para ser condecorado como el Balón de Oro y premio FIFA The Best en el mismo año, logros que su pueblo celebra al grado de muchas veces se tratado como héroe nacional.

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