Gerardo Espinoza vivió debut con nervios y sin sentarse en su banca
El técnico de Atlas sintió el juego ante Toluca de una manera muy peculiar.

Un auténtico manojo de nervios fue el técnico debutante del Atlas, Gerardo Espinoza, quien muy a su manera vivió el partido ante el Toluca.
En la cancha como jugador, el excontención se caracterizó por ser aguerrido, ir a todas las pelotas sin miedo y mostrar carácter, como técnico, Espinoza demostró que sigue en un buen estado físico, pues no se sentó en su banca, caminó, pero siempre estuvo pegado a la línea de su área técnica.
Vestido de traje gris, camisa negra, el sucesor de José Guadalupe Cruz salió a la cancha, se acomodó en su lugar y no dejó de observar, hasta que llegó Rubens Sambueza a saludarlo antes del comienzo del partido.
Segundos antes del silbatazo de Fernando Guerrero, el DT atlista dio tres pasos adentro de la cancha, se agachó tocó el pastó y se persignó a la espera del inicio del encuentro.
Sonó la ocarina de Guerrero y los pasos eran hacia adelante y hacia atrás… el nervio era eviente.
No pasaba el primer minuto de juego y se apoyó en uno de sus fieles escuderos, el auxiliar, Guadalupe Ramos, con quien intercambió puntos de vista.
Con lo que no sabía que hacer Espinoza fue con sus manos, las cruzaba, las metía a las bolsas del pantalón, en la cintura, el chiste era moverlas, pues además hizo frío en Guadalajara.
Algunas llamadas de atención, pero casi todas centradas en el volante, Edgar Zaldívar, quien al parecer no pudo entenderlas y fue su primer cambio al medio tiempo.
Llegaron los dos goles de Toluca y Espinoza se mantuvo sereno, pues no hubo lamentos, ni regaños, aunque siempre pegado a la banda.
En la jugada más peligrosa del Atlas, al minuto 17’, Espinoza vio como su delantero, Milton Caraglio recibió de pecho y quiso rematar, pero terminó cayéndose, mientras que el DT parecía quedarse sin aliento.
En la segunda parte, tampoco festejó el gol de Ravel Morrison, ya que sabía que le faltaba otra anotación para empatar el encuentro.
Al momento de los cambios no se la pensó y echó a su equipo adelante, ya que dejó a Caraglio y metió a Ángelo Henríquez.
Gerardo terminó el partido tal como lo comenzó… pegado a la línea de banda y con los brazos cruzados, pero con el sabor amargo de la derrota.
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