Liga MX

Pumas y las semifinales: una historia hecha de remontadas y cicatrices que todavía duelen

El cuadro universitario quiere regresar a una Final de la Liga MX y quitarse la sequía.

Pumas y las pesadillas con las semifinales / Imago7
Pumas y las pesadillas con las semifinales / Imago7
Olga Hirata
Ciudad de México

Hay clubes que convierten las semifinales en trámite. Equipos que llegan ahí con la frialdad de quien entra a una oficina: hacen el trabajo, avanzan y siguen adelante. Pumas no. Pumas convierte cada semifinal en una cuestión emocional. A veces heroica. A veces ridícula. A veces profundamente dolorosa.

Desde que la Liga MX instauró los torneos cortos en 1996, los universitarios han alcanzado 15 semifinales. El balance retrata perfectamente la personalidad del club: 4 campeonatos, 3 finales perdidas, 7 eliminaciones antes de la final y una nueva oportunidad en curso en el Clausura 2026.


Traducido al idioma auriazul: gloria intermitente y sufrimiento constante

La primera gran sacudida llegó en el Invierno 1998. Pumas eliminó al líder Cruz Azul y parecía listo para volver a incomodar al futbol mexicano. Pero apareció Guadalajara y les recordó una vieja costumbre universitaria: entusiasmarse demasiado pronto.

Después vino la etapa de Hugo Sánchez. Ahí Pumas empezó a construir algo más peligroso que un equipo competitivo: una identidad. En Verano 2000 cayeron ante Santos Laguna en semifinales. En Verano 2002 el América les arrebató el pase a la Final en Ciudad Universitaria pese a que los universitarios llegaban con ventaja deportiva y el empate del Azteca en la bolsa. Meses más tarde, Morelia les acomodó un brutal 4-0 en Semifinales del Apertura 2002.

Dos golpes consecutivos. Dos cicatrices que terminaron moldeando el carácter de aquel equipo.

Y luego llegó 2004. El año en el que Hugo Sánchez dejó de ser un entrenador polémico para convertirse en un personaje histórico dentro del club. Pumas fue campeón en Clausura y Apertura, consiguiendo el primer bicampeonato en torneos cortos. Lo hizo jugando con arrogancia futbolística, algo rarísimo en un club acostumbrado a sobrevivir más que a dominar.

Hugo Sánchez logró un bicampeonato con Pumas / Imago7

Aquellos Pumas no pedían permiso. Bruno Marioni devoraba defensas, Darío Verón imponía respeto y Ciudad Universitaria volvió a sentirse como un lugar incómodo para cualquiera. Una especie de santuario hostil donde el equipo dejó de parecer simpático para convertirse en peligroso.

Después vinieron los años de la eterna promesa

En Apertura 2007 eliminaron al superlíder Santos Laguna y alcanzaron la Final, pero Atlante les arrebató el título. En Clausura 2009 Pablo Barrera anotó el gol del campeonato ante Pachuca en tiempos extra —en la Final— para entregar la sexta corona universitaria y dejar en el camino en Semifinales a los camoteros dirigidos por José Luis Sánchez Solá con un golazo de Darío Verón.

Y en el Clausura 2011, bajo el mando de Guillermo Vázquez, Pumas levantó su séptimo y último campeonato tras vencer a Morelia. El equipo universitario enfrentó a Chivas en las Semifinales y lo venció por global de 3-1.

Ese fue el último gran rugido

Han pasado 15 años desde entonces y el club parece atrapado en una especie de limbo emocional donde siempre está "cerca" de volver.

A veces la historia se vuelve cruel. Como el Apertura 2018, cuando América les firmó un 6-1 en semifinales en el Estadio Banorte. La peor goleada en la historia del Clásico Capitalino. Una paliza que no sólo eliminó a Pumas: lo exhibió emocionalmente.

Y otras veces el drama tomó forma de tragedia romántica. Como la Final del Apertura 2015 ante Tigres. Los regiomontanos ganaron 3-0 la ida y parecía liquidado todo. Pero Pumas resucitó en CU, llegó a empatar el global 3-3 en tiempo reglamentario y siguió remontando hasta el 4-4 en el tiempo extra con un gol agónico de Gerardo Alcoba en el minuto 119. La serie terminó en penales y Tigres levantó el título mientras Universidad se quedaba otra vez mirando cómo la gloria pasaba enfrente sin detenerse.

Efraín Juárez, DT de Pumas (Mexsport)

Muy Pumas

Luego llegó el Guard1anes 2020 y quizá la remontada más absurda de la historia reciente del futbol mexicano. Cruz Azul había ganado 4-0 la ida y ya se sentía finalista. Entonces Pumas hizo lo que mejor sabe hacer este club cuando está emocionalmente acorralado: incendiar el caos. Ganó 4-0 en CU y avanzó por posición en la tabla. La Final terminaría siendo para León, pero aquella semifinal quedó tatuada en la memoria colectiva del futbol mexicano.

Porque si algo tiene este club es eso: sabe construir noches imposibles.

Ahora, en Clausura 2026, los universitarios vuelven a estar en Semifinales tras eliminar al América con un global de 6-6 y avanzar por mejor posición en la tabla. Del otro lado aparece Pachuca. Y junto a ellos, otra vez, la misma pregunta que persigue a esta institución desde hace década y media: si esta generación vino a terminar la sequía o simplemente a sumarse a la colección de promesas rotas que carga el club desde 2011.

Porque Pumas vive ahí. Entre la nostalgia de lo que fue y la ansiedad de volver a serlo.



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