¡Un feliz caos! Tiraron a Memo Ochoa y se le subieron al toldo para una porra

Debido a la locura que provocó su arribo a la CDMX, el portero del América sufrió un pequeño percance entre los cientos de fanáticos azulcremas en el AICM.

Jonathan Collazo y Enrique Martínez Villar

El caos no impidió que la llegada de Guillermo Ochoa a la Ciudad de México fuera una fiesta en el aeropuerto capitalino, donde los aficionados hasta tiraron al arquero y luego se le subieron al toldo del vehículo que abordó para obligarlo a entonar una porra.

Las diferentes barras del América se organizaron para lo que iba a ser una llegada de madrugada. Sin embargo, el cambio de vuelo les favoreció porque Ochoa llegó alrededor de las 14:00 horas.

Cuando el portero salía de los pasillos de la terminal para dirigirse a la camioneta que lo llevaría a su casa se dieron varios empujones que provocaron que Ochoa cayera al suelo, de donde los elementos de seguridad lo levantaron rápidamente para que no sufriera un pisotón.


La afición le cantó con enorme euforia al ídolo de las Águilas. Los coros comenzaron en cuanto aterrizó el vuelo AM24. “¡Olé, olé, olé… Memo, Memo!”, se escuchaba a una sola voz.

Pero también hubo insultos y empujones entre barristas, policías y prensa, al grado de que un reportero sufrió cachetada, un momento que no pasó a mayores por la intervención de los elementos de seguridad.

Cuando Ochoa llegó a su vehículo hubo aficionados que se subieron al toldo, pidiéndole al arquero que se asomara. Gustoso, el portero salió y tomó una bandera para corear con la gente en lo que significó el renacimiento de un verdadero idilio azulcrema.


Ochoa salió solo para evitar el asedio hacia su familia. La primera en salir fue la esposa del futbolista, Karla Mora, junto a sus tres hijos. Pero desde ahí fue grande el caos, al grado de que en su camino dejó una maleta y una silla de bebé que tomó una barrista para entregarlas a la comitiva del guardameta.

Este último esperaba en la zona de entrega de maletas, donde se ponía la ropa del Club América. Media hora después se dio el ansiado momento de su salida. Ochoa asomó el rostro por las puertas y se intensificó el caos porque todos querían acercársele.

Los aficionados habían utilizado un trapo de la barra para acordonar y hacer pasillo, mismo que se diluyó por la euforia.



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