Yangel Herrera, el motor de una Venezuela que sueña con su primer Mundial

Nació en 1998 en un entorno complejo que incluso pudo poner en riesgo su vida para comandar a una Vinotinto que puede darle un vuelco a su historia.

Yangel Herrera

El año de 1998 es uno de los más importantes en toda la historia de Venezuela, país que después de vivir décadas de bonanza desde inicios de los 60 hasta 1983, y de ser considerado como el más rico de América Latina, pasó a convertirse en uno inestable y con un profundo descontento social que llevaría a Hugo Chávez a la presidencia en diciembre.

En ese complejo contexto, en enero de ese mismo año, en la ciudad costera de La Guaira nació Yangel Herrera, un futbolista que con el paso del tiempo se convertiría en el péndulo de la Vinotinto, quien bien pudo tener otro destino si hubiera permanecido en una localidad enfurecida por la desigualdad y la falta de oportunidades, tal y como sucedió con mucha de la gente con la que creció.

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La disciplina fue algo que me llevó a caminar por algunos sitios, porque durante nuestra juventud vamos a tener muchas tentaciones, yo nací en La Guaira y me crié con muchos amigos que hoy en día están muertos, que eran contemporáneos y que agarraron una mala vida. Gracias al carácter de mis padres, su confianza, pude lograr lo que he logrado hoy”, relevó Yangel al podcast Conversaciones para el Éxito en marzo de 2021.

El niño que no quiso ser beisbolista

En La Guaira eran años en los que el futbol no era importante, por lo que los papás de Yangel pensaban en que se convirtiera en beisbolista, con la esperanza de que fuera una vía de salida, aunque a él nunca le interesó cumplir con ese capricho familiar, algo que manifestaba con un llanto interminable cada vez que lo llevaban a entrenar.

Sólo la separación de sus padres evitó que siguiera dentro de esa disciplina, pero también que se adentrara en ese entorno peligroso, ya con la ciudad de Maturín como siguiente destino, una en la que en vez de salir a la calle con una manopla o un bat, lo haría con una pelota bajo el brazo. “Lo que me gustaba era el futbol y jugando en la calle entendí que esa era mi pasión. Ahí comencé a soñar que sí podría hacer una carrera futbolística”, relevó en la misma charla.

En el barrio, Yangel empezó a jugar ante ‘chamos’ de mayor edad, lo que le ayudó a obtener esa malicia y jerarquía con las que todo líder debe contar, además de formar parte de una selección amateur de su pueblo, y después para ser llamado a formarse en la Escuela Mejía, institución que lo catapultó a la selección Tricolor, base de la Vinotinto Sub-15.

Sin darse cuenta y sin desearlo, “ya que simplemente jugaba y cumplía”, empezó a darle forma una carrera apoyado en su enorme talento para defender, que incluso le sirvió inesperadamente para convertirse en capitán de su selección en el Sudaméricano Sub-15 de 2013, después un asiduo en la selección Sub-20, y al profesionalismo en junio de 2015 al firmar con el Atlético Venezuela, club que entonces se encontraba en Primera División y que lo cedió al Monagas de la Segunda para que continuara su formación.


La pieza clave de una extraña Venezuela

De lo que tampoco se enteró fue que estaba dentro de un proyecto que llevaría a Venezuela a salir de su retraso futbolístico que habitualmente lo hacía presa fácil de las potencias sudamericanas, ni tampoco que muy pronto estaría en el radar del City Group, el poderoso conglomerado que tiene al Manchester City como estandarte.

En 2016 volvió al Atlético Venezuela para disputar sus únicos 32 partidos en la Primera de su país, antes de que su ficha fuera adquirida por el grupo emiratí en enero de 2017, justo cuando la Vinotinto Sub-20 se preparaba para participar en la Copa del Mundo de la especialidad, en la que acabarían como subcampeones tras perder la Final contra Inglaterra. Yangel se erigió como amo del centro del campo, y a su lado crecían otras promesas como Nahuel Ferraresi, Yeferson Soteldo y Adalberto Peñaranda, por mencionar algunos.

Después de dos años en los que pasó en el New York City FC de la MLS, en enero de 2019, Huesca fue su puerta de entrada a Europa, aunque ahí fue donde empezaron sus interminables problemas físicos que le han impedido encontrar constancia y llevarlo a planos mayores, lo que se refleja en sus constantes cambios de club que lo llevaron también al Granada, Espanyol y finalmente al Girona, el club sensación de España.


La consagración europea

El Girona, un club históricamente acostumbrado a jugar en la Segunda y Tercera División de España, celebró una extraordinaria temporada 2023-2024, en la que cerró una participación que lo llevó a acabar en la tercera posición con 85 puntos, únicamente detrás del campeón Real Madrid y el Barcelona, cifra que le sirvió para clasificarse a la Champions League por primera vez en su historia.

Sin posibilidad de pasar al Manchester City, Herrera encontró la estabilidad que deseaba con el apoyo del entrenador Miguel Ángel “Michel” Sánchez, quien lo convirtió en el motor de un equipo que hasta la mitad de la temporada compitió por el liderado con el Real Madrid. En él se deposita la estabilidad del club catalán, no sólo por su labor defensiva en el centro del campo, sino también por lo que hace al frente, lo que incluso le dio para marcar cinco goles en el año. Por eso fue firmado hasta 2027.

"Es un jugador diferencial. Es top en duelos y en el juego aéreo; en defensa gana muchos balones, da continuidad a la posesión y tiene llegada a la portería rival. Para nosotros es un jugador top", describió Michel en abril pasado para Relevo sobre un jugador vital también para una Vinotinto que hoy aspira a clasificar a su primera Copa del Mundo, lo que sería un gran impulso para una Venezuela que sueña con volver a sonreír.


  • Eduardo Domínguez
  • Reportero-redactor. Egresado UNAM. Llegué a Mediotiempo en 2019.
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