'No le debo ni me debe nada el boxeo'; Jackie Nava cuelga los guantes tras 21 años | VIDEO

En su natal Tijuana será la última pelea de La Princesa Azteca, este sábado 1 de octubre ante la argentina Gloria Elena Yancaqueo.

Jackie Nava se despide del boxeo ante Gloria Elena Yancaqueo

Rodrigo Mojica

Colgar los guantes, escuchar la última campanada, arrumbar las botas, guardar el traje, la bata, el tiempo es determinante en cualquier ámbito. ¿Pero, quién dice que el adiós es fácil?, y más cuando la vida se empeñó por una disciplina que además marcó el rumbo en las letras de cada relato, tan sui géneris como único, porque las calcas más bien no existen.

Y ese es el caso de Jackie Nava, una de las pioneras del llamado boxeo de guantes rosas, quien después de 21 años de sudar la gota arriba de un ensogado, decidió ponerle el punto final a su trayectoria, porque hablando de ese andar tan sinuoso, también entendió que el cuerpo necesita un respiro y marcharse aun con todos los sentidos funcionando.

“Ya sabían que lo venía manejando, no tenía la fecha precisa, quería que fuera desde el año pasado, sobre todo porque tengo varios proyectos ligados al boxeo y además el tiempo está pasando, ya no es lo mismo, ya no tengo 20 o 30, y ciertas lesiones ya comienzan a tardar un poquito más en recuperarse.


“Si bien he tenido lesiones durante toda mi carrera, como todo deportista de alto rendimiento, también creo que ya me van calando más, fueron varios detalles que se fueron juntando y decidimos que era momento de tomar la decisión, no quería retirarme porque ya no pudiera o por ponerme mal, fue difícil y la verdad es que aún no lo asimilo”, cuenta en entrevista con mediotiempo la fronteriza, quien combatirá por última vez este sábado en el Auditorio Fausto Gutiérrez de Tijuana, ante la argentina Gloria Elena Yancaqueo.

Una cuenta pendiente

Luego de dos décadas de glorias, de sinsabores, de altas y bajas, la llamada Princesa Azteca revela que, haciendo una introspección, piensa que no le queda a deber nada al deporte de los puños, aunque éste sí le deja por ahí una cuenta por saldar siendo profesional.

“En cierta manera lo que estaba buscando desde hace algunos años era una pelea internacional, actué en Las Vegas, pero no en una cartelera tan grande como la que yo estaba buscando, creo que, si ahora me llamaran para pelear en Estados Unidos, más bien sería para agarrarme como la Campeona que ya va a la baja, para agarrarme de trampolín. Por los tiempos creo que ya no se dio.


“Yo pienso que no (le quedé a deber nada), porque realmente me entregué siempre, estuve entrenando, me tocó llorar, me tocó caerme, levantarme y disfruté mucho todos los entrenamientos, creo que hemos quedado parejos”.

¿Por qué el boxeo?

Desde niña, afecta al ejercicio y la disciplina, Nava, en ese caminar de las manecillas se fue decantando por las actividades de contacto y el subirse a un ring derivó en que sus profesores siempre le vieron talento para este arte.

“Diosito me fue poniendo en el camino, en el lugar indicado, porque yo honestamente no sabía que iba a ser boxeadora, ni de chiquita, no miraba ni siquiera boxeo, a los 12 años mi papá me llevó al karate, fui cinta negra, entrené kick boxing, llegué a pelear por un campeonato de Norteamérica que ganamos, me fue gustando el deporte, la técnica, el deporte de contacto me llamó, aunque no fuera que me gustaran los golpes, sino más bien la técnica.

“Empecé a boxear por una invitación de hacerlo en Hawái, conocer ese lugar me atrajo mucho y un entrenador me fue jalando, porque me vio aptitudes, y en mi debut ganamos, aunque la verdad es que iba en ‘calidad de bulto’”.

Aprendió de la derrota

Jackie desmenuza los que fueron sus combates ya en el circuito de paga, en los que llegó a tener derrotas muy dolorosas, pero igual tiene el recuerdo de que fue parte de una batalla que quedó marcada en los libros del segmento, porque a partir de ese compromiso, hubo un antes y un después.

“La segunda con Ana María Torres (La Guerrera), independiente de que le dieron el cinturón a ella, yo me quedo con esa, porque fue como un parteaguas en el boxeo femenil; incluso no tanto la primera, que fue empate, sino la segunda, nos vamos con eso de que se vio trabajo, esfuerzo, técnica, fuerza; de hecho, está catalogada como la mejor de la historia.


“No quisiera olvidar ninguna (reyerta), porque a pesar de que me noquearon una vez, podría decirte que esa no quisiera olvidarla, porque a mí me hizo aprender muchas cosas, lo puedo decir ahorita abiertamente, a lo mejor que bueno que fui noqueada, porque no me daba cuenta de lo que estaba pasando en mi cabeza cada vez que iba a pelear, había muchas cosas que no estaban bien psicológicamente, doy gracias, porque aprendí mucho, a cómo manejar los miedos”.

Su primer título absoluto

El convertirse en monarca le era llenador a la tijuanense, pero revela que el poder contender por un cinturón absoluto ella lo vio como la opción de mostrarse ante el mundo, porque además el que la vitrina tuviera mayor realce, les costó mucho a las chicas.

“Estaba entrenando, era 2005, lo hacía para otra pelea, ya había ganado el Nacional en 2005, Érik “Terrible” Morales me estaba apoyando y me consiguió peleas de título, primero gané el de la AMB (Asociación Mundial de Boxeo) y luego del CMB (Consejo Mundial de Boxeo); no era la emoción por ser Campeona del Mundo, yo lo que quería, porque sabía que, a partir de ahí, se vendrían muchos retos, no era 'ya soy Campeona y ya soy la mejor', iba a hacer historia, pero sabía que era el comienzo de todo, recuerdo que me tocó una neoyorquina muy fuerte. Lo viví bonito con mi equipo y con mi familia, fue un nuevo inicio en mi carrera”.

Quiso tirar la toalla

En esos instantes en que no sentía el espaldarazo, como pasa a la fecha, pues acepta que sigue manteniéndose como una ‘mala costumbre’ el minimizar a la mujer en el pugilismo, comparte que pudo pensar en mejor dedicarse a su carrera profesional.


“Sí, hubo ciertos momentos en los que no sentí apoyo, al principio en las peleas por título del mundo sí ganaba muy poco, porque no había televisión, no había mucha apertura todavía, realmente no había mucha publicidad para una, en un auditorio apenas iban 300 personas en un inmueble de cinco mil, llegaron momentos en que yo le dije a mi esposo, ‘no veo que me apoyan, no veo patrocinios’, y es cierto que por el hecho de ser mujer no encontraba ese respaldo, aunque el apoyo de mi familia me hizo aguantar y perseverar, hasta que llegan las oportunidades, tuvieron que pasar unos diez años para que me conocieran, han sido 21 de picar piedra.


“Una de ellas era que veía que no ganaba mucho, que no ganaba bien, que no valía la pena, porque gastaba más en los entrenamientos que lo que me daban en una pelea, eso no cubría mis gastos, además soy arquitecta, me había titulado y entonces tenía una carrera, ante la falta de apoyo llegué a pensar en no seguir, sólo me daban la ropa, antes no había dinero por los parches en el short, mi patrocinador oficial era mi esposo”.

Punta de lanza del boxeo femenil, finaliza con ese orgullo a flor de piel que le provoca el ser una de las protagonistas del boom que sólo reclama igualdad con los varones.

Lo tomo con orgullo, con mucha responsabilidad, no pensabas lo que podrías llegar a lograr, pero seguí trabajando, esforzándome, tratando de hacer buen trabajo arriba del ring, en cuanto a técnica, que no vieran a dos mujeres tirándose golpes a lo tonto, para mí era importante demostrar buen boxeo y que nos voltearan a ver.

“Por ejemplo, las peleas con Ana María llamaron mucho la atención, y yo estoy segura que, a partir de ahí, hubo más peleas estelares y nos dio bastante apertura”.


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