Murió Miguel Canto, el fino campeón mexicano que no necesitó hacer ruido para ser eterno
Se trata de una de las glorias del boxeo nacional, una que priorizó defenderse bien antes que salir desbocado a ganar.

Este 16 de abril murió Miguel Canto en Mérida, Yucatán. Tenía 78 años, con él se va una especie en peligro de extinción: el boxeador que pensaba antes de golpear, no fue el típico ídolo de nocaut fácil ni de sangre televisada. Era otra cosa, incómoda para el espectáculo, más valiosa para el oficio, casi maniático del control, que convirtió el ring en un ejercicio de inteligencia. Le decían “El Maestro”. No por marketing. Por evidencia.
El arte de no ser tocado
En 1975 viajó a Japón y le arrebató el título mosca del Consejo Mundial de Boxeo a Shoji Oguma. Ahí empezó su reinado: largo, metódico, incómodo para cualquiera que pretendiera convertir la pelea en caos.
Quince defensas después, el mensaje ya era claro: Canto no estaba para complacer, estaba para dominar.
Su récord —61 victorias, apenas 15 por nocaut— delata lo que era. No destruía rivales, los desarmaba. Les quitaba tiempo, espacio, paciencia. Les ganaba antes de que entendieran cómo.
En un deporte que aplaude la violencia, él apostó por la precisión. Y eso, casi siempre, se paga con olvido.
El campeón que el sistema nunca supo vender
Canto fue campeón mundial durante más de cuatro años. Una barbaridad en peso mosca, donde el desgaste es ley. Pero nunca fue el favorito del espectáculo. No era vendible en cápsulas de 30 segundos. No servía para el highlight.
Era demasiado fino para un negocio que necesita ruido. Y ahí está la contradicción: mientras otros construyen fama a base de golpes, él construyó respeto a base de inteligencia. Uno dura más… pero vende menos.
El desgaste que nadie quiere ver
Los últimos años de su vida fueron otra pelea. Una enfermedad neurológica lo fue apagando lejos de los reflectores, en ese rincón donde el boxeo suele dejar a los suyos: en silencio, sin cámaras, sin aplausos.
El mismo hombre que hizo del movimiento un arte terminó atrapado en su propio cuerpo.
Cruel. Pero tristemente coherente con la historia de este deporte.
Palmarés: lo que sí se puede medir
- Campeón mundial mosca del Consejo Mundial de Boxeo (1975–1979)
- 15 defensas exitosas del título
- Récord profesional: 61-9-4 (15 KO)
- Miembro del Salón Internacional de la Fama del Boxeo desde 1998
Pero reducir a Canto a eso sería no haber entendido nada. Lo que realmente se fue.
Hoy, el boxeo mexicano despide a uno de sus campeones más inteligentes.
No al más espectacular. No al más mediático. Al más lúcido.
Miguel Canto no necesitó destruir para imponerse.
No necesitó gritar para ser escuchado. No necesitó caerle bien al negocio para ser respetado.
Y quizá ahí está la clave de su legado: en haber sido fiel a su estilo en un deporte que castiga a los que no encajan.
Porque sí, fue campeón del mundo. Pero sobre todo fue algo mucho más difícil de encontrar: un boxeador que pensaba. Y eso, aunque el boxeo a veces no lo entienda, también es una forma de grandeza.
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