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Carlos Ortiz resiste en la cima del LIV Golf en Hong Kong

Tras firmar una ronda de 64 golpes en Fanling, continúa adaptándose a los cambios en su swing y enfoca el fin de semana con la premisa ponerse en posición para pelear el domingo.

Carlos Ortiz firmó una ronda de 64 golpes (-4) en la segunda jornada del LIV Golf Hong Kong (Fotografía: cortesía LIV Golf)
Carlos Ortiz firmó una ronda de 64 golpes (-4) en la segunda jornada del LIV Golf Hong Kong (Fotografía: cortesía LIV Golf)
Olga Hirata
Ciudad de México

El mexicano Carlos Ortiz firmó una ronda de 64 golpes (-4) en la segunda jornada del LIV Golf Hong Kong, resultado que lo mantiene empatado en el liderato en el Hong Kong Golf Club, un campo que esta semana está ofreciendo oportunidades, pero también exige precisión quirúrgica. Ortiz no tuvo precisamente un comienzo cómodo.

“Fue un inicio un poco complicado”, reconoció el golfista de Torque GC. “No estuve en buena posición en los primeros hoyos. Tuve que salvar varios pares e hice algunos bogeys”.


Sin embargo, lo interesante de su semana no es solo el resultado, sino el proceso. Ortiz está jugando con un swing nuevo, una sensación distinta que todavía está aprendiendo a domesticar.

“Mi swing ha cambiado un poco y las sensaciones también. Solo estoy tratando de sentirme realmente cómodo con él. Todavía me resulta un poco incómodo entender cómo sostenerlo… pero la verdad es que está funcionando bastante bien”.

En el fondo, hay algo casi artesanal en esa búsqueda: repetir, ajustar, probar. Golpe tras golpe.

Un campo suave que premia la precisión

El campo de Fanling está jugando diferente a otros años. Más suave, con menos rodamiento en los greens, lo que obliga a los jugadores a controlar el spin con precisión milimétrica.

Ortiz lo ha entendido bien. “El control del spin es muy importante aquí, sobre todo con cómo están reaccionando los greens”, explicó.

 “La bola prácticamente aterriza y se queda a dos o tres yardas de donde cae”. No es casualidad que gran parte de su buen rendimiento esta semana haya llegado con los hierros cortos y wedges, herramientas quirúrgicas cuando el campo permite atacar banderas.

Carlos Ortiz está empatado en la cima de la competencia (Fotografía: cortesía LIV Golf)

Estar en la cima del tablero puede alterar el pulso de muchos jugadores. Pero Ortiz mantiene la serenidad del que sabe que el viernes todavía no decide nada. “Tal vez lo sientes un poco más en el primer tee”, dijo. 

“Pero sigue siendo viernes. Todavía quedan dos días y muchísimo golf por jugar”. Para él, la verdadera presión llega en otro momento. “Cuando realmente importa es en los últimos nueve hoyos del domingo. Si estás ahí con oportunidad de ganar, entonces sí empiezas a sentirlo”.


Hasta entonces, su enfoque es simple, casi brutalmente honesto. “Solo estás tratando de ponerte en esa posición”.

Un duelo entre amigos.

Parte de la tensión de la jornada vino del empuje del sudafricano Dean Burmester, quien jugó cerca de Ortiz durante gran parte del recorrido.

Pero lejos de la rivalidad incómoda, lo que hubo fue admiración. “Me encanta Dean. Es increíble verlo pegarle a la bola”, comentó Ortiz. “Le pega larguísimo y está pegando unos draws hermosos”.

Ambos, además, comparten algo más que el leaderboard: amistad. “Somos buenos amigos y es genial jugar con un buen amigo”. Una frase que en el golf, deporte solitario por definición, dice mucho.

El mexicano también habló abiertamente sobre los cambios en su técnica. Sin entrar en tecnicismos, el objetivo es claro: más estabilidad y tiros más rectos.

“Estoy tratando de mantenerme más centrado y pegarle a la bola con menos efecto lateral”, explicó. “Quiero ser más consistente y definitivamente lo estoy viendo en cómo reacciona la bola”.

Claro, los cambios traen sorpresas. “Las trayectorias a veces me toman desprevenido, sobre todo cuando las banderas están cerca de los bordes”. Pero esa incomodidad también es parte del experimento. “Eso es lo que quieres: sentirte incómodo para probar si realmente funciona”. Y por ahora, parece que sí.

Mentalidad simple para un juego complejo.

Si alguien busca una filosofía complicada del mexicano para enfrentar el fin de semana, no la encontrará. Ortiz lo resumió con una lógica casi infantil… y brutalmente verdadera: “La mentalidad es la misma de todos los días: meter la bola en el hoyo con la menor cantidad de golpes posible”. Porque en el golf, como en la vida, la teoría es sofisticada, pero la misión es simple.

Más allá del leaderboard, Carlos Ortiz se ha convertido en una de las caras del golf mexicano en el circuito internacional. 

Actualmente, Carlos Ortiz es embajador de XUNTOS, una iniciativa que impulsa proyectos de impacto social y desarrollo comunitario, reforzando su papel no solo como atleta de élite, sino como figura comprometida fuera del campo.

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