DeChambeau abre la puerta, Rahm duda y Pieters rompe: LIV entra en zona de definiciones
Tres figuras, tres posturas frente a la incertidumbre: el futuro de LIV deja de ser proyecto y empieza a sentirse como duda.

El estadounidense Bryson DeChambeau reconoció que contempla un escenario sin LIV Golf y en ese contexto, no cierra la puerta a volver a competir en la PGA Tour, siempre y cuando encuentre espacio. “Me encantaría jugar en torneos que me quieran”, lanzó, sin rodeos.
DeChambeau dejó claro que su plan no depende exclusivamente del campo. En paralelo, busca consolidar su presencia digital. Su objetivo es ambicioso: hacer crecer su canal de YouTube hasta triplicar su alcance, incluso expandirlo con contenido en distintos idiomas.
Sobre un eventual regreso a la PGA Tour, el jugador admitió que las posibles sanciones serían “desafortunadas”, considerando —desde su perspectiva— el valor que podría aportar. No es una súplica, pero tampoco es el tono confrontativo de hace un par de años.
El punto de quiebre parece estar en la incertidumbre financiera de LIV. DeChambeau confesó que le tomó por sorpresa el retiro del respaldo del Public Investment Fund, que hasta hace poco garantizaba estabilidad a largo plazo. “Nos dijeron que había financiamiento hasta 2032”, explicó. Hoy, ese escenario ya no es tan claro.
Sin comunicación directa y con señales contradictorias, el proyecto que prometía sacudir al golf mundial entra en una zona gris. Y en ese vacío, las certezas desaparecen.
Ahí aparece otra voz, más contenida, pero igual de reveladora. Jon Rahm fue directo en su honestidad: no sabe si puede salir anticipadamente de su contrato con LIV.
“No tengo ni idea. No podría decírtelo. Tengo muy pocos talentos en mi vida, y leer un contrato o los negocios no son dos de ellos”, soltó, sin maquillaje.
Rahm reconoció que le restan varios años de vínculo y que, por cómo fue redactado, no parece haber muchas salidas. No hay drama en su tono, pero sí una aceptación implícita: hoy no controla del todo su margen de maniobra.
“No veo muchas salidas y tampoco es algo en lo que quiera pensar todavía”, añadió, enfocado en lo inmediato: competir y jugar majors.
Y en el otro extremo, sin matices ni diplomacia, aparece Thomas Pieters. Si LIV desaparece, su decisión ya está tomada: no volverá a la PGA Tour.
“Nunca voy a regresar”, dijo con claridad. No es un ataque, es una postura personal. Pieters explicó que ese entorno simplemente no encaja con él. Ya lo probó, y no fue feliz.
Su alternativa, en caso de que LIV cierre, apunta más hacia el circuito europeo —European Tour— o cualquier otro camino que le permita competir sin volver a ese modelo que, según él, nunca le perteneció.
Tres posturas, un mismo síntoma.
DeChambeau tantea el terreno y deja puertas abiertas. Rahm asume que está atado, al menos por ahora. Pieters, en cambio, rompe cualquier posibilidad de retorno y deja claro que su bienestar pesa más que cualquier estructura.
En medio, la PGA Tour tampoco sale intacta. DeChambeau señaló recortes, reestructuración interna y una narrativa mediática que —en su lectura— ha ayudado a sostener su imagen. No es una crítica incendiaria, pero sí un recordatorio incómodo: el ecosistema completo del golf profesional está ajustando cuentas.
Hoy, más que una guerra de ligas, lo que se ve es algo más humano: jugadores tratando de entender dónde encajan, qué pueden controlar y qué están dispuestos a sacrificar.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MEDIOTIEMPO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.