Copa Mundial

La sangre los une y el futbol los hace rivales: los hermanos que podrían verse en el Mundial 2026

Hay algo particularmente incómodo en el futbol cuando la patria se mete en la mesa familiar. Una cosa es discutir política en Navidad y otra muy distinta que tu hermano te elimine de un Mundial.

Han decidido pelear por distintos países. (Foto: ChatGPT)
Han decidido pelear por distintos países. (Foto: ChatGPT)
Olga Hirata
Ciudad de México

El Mundial 2026 podría regalarnos uno de esos capítulos raros que parecen escritos por un guionista con ganas de jugar con las emociones ajenas: hermanos defendiendo banderas distintas. Sangre compartida, himnos separados, el mismo apellido… pero distinto escudo en el pecho.

Y sí, el futbol moderno presume de globalización, identidad multicultural y libertad de elección. Todo muy bonito hasta que llega el sorteo y mamá tiene que decidir a quién gritarle el gol.

​¿Quiénes son los hermanos?

El caso más mediático es el de Iñaki y Nico Williams, que ya no es novedad, pero sigue siendo el más potente narrativamente.

Iñaki juega con Ghana, Nico con España, ambos crecieron futbolísticamente en el Athletic Club. Iñaki nació en Bilbao el 15 de junio de 1994, hijo de padres ghaneses que llegaron a España cruzando el Sahara a pie y saltando la valla de Melilla. La decisión de elegir Ghana fue en 2022. 

El de 2026 será el segundo Mundial de Iñaki con Ghana, ya que participó en Qatar donde disputó los tres partidos que duró su selección en el torneo.

La decisión de Iñaki nunca se sintió como un trámite administrativo. Se sintió más humana que eso, más íntima, más pesada, porque detrás había una historia familiar atravesada por migración, sacrificio y raíces que nunca terminaron de soltarse del todo. 

Inicialmente, él mismo había descartado públicamente la posibilidad de jugar con Ghana, argumentando que no se había criado allí. La decisión llegó en 2022, acelerada tras una visita al país y el reencuentro con sus raíces familiares, luego de constatar que no entraba en los planes de España. Hay relatos que el marketing no puede fabricar.

Una historia más caótica

Algo parecido, aunque todavía más caótico, ocurre con los Kalulu, porque aquí no son dos hermanos divididos por selecciones, son tres.

Pierre Kalulu, Gédéon Kalulu y Aldo Kalulu crecieron bajo la misma estructura familiar. Su padre nació en Kabimba, en el entonces Congo Belga, y su madre en Likasi, en Congo-Léopoldville. 

Ellos, en cambio, nacieron en Francia, en Lyon y moldeados entre dos identidades que nunca terminan de convivir del todo sin fricción. Gédéon eligió a la República Democrática del Congo. Aldo también terminó inclinándose hacia las raíces familiares, tras pasar por selecciones juveniles francesas. Pierre apostó por Francia.

El futbol convertido en un espejo incómodo de lo que significa crecer entre dos mundos sin pertenecer completamente a uno.

Hay más casos de hermanos divididos

Luego aparecen los Doué. Désiré Doué apunta a consolidarse con Francia, mientras Guéla Doué ya representa a Costa de Marfil. Ambos nacieron en Francia, crecieron juntos y compartieron formación en Rennes, pero terminaron abrazando lados distintos de su historia familiar.

Y quizá eso es lo más brutal del futbol moderno: ya no alcanza con preguntar dónde naciste. Ahora importa también qué parte de tu historia terminó hablándote más fuerte al oído.

La familia Souttar también entra en esa categoría de historias que parecen pequeñas, hasta que las miras de cerca.

John Souttar jugará para Escocia y Harry Souttar lo hará para Australia. Y detrás de esa separación hay algo mucho más interesante que el simple dato estadístico de “hermanos en selecciones opuestas”.

Su madre, Heather, nació en Australia Occidental. Gracias a eso, ambos podían elegir entre Australia y Escocia. Harry incluso llegó a reconocer que soñaba con representar a Escocia, pero la llamada nunca llegó. Australia sí apareció y el futbol, como suele hacer, no espera a los románticos.

Escocia terminó clasificando al Mundial tras casi tres décadas de ausencia, así que el destino podría terminar armando uno de esos cruces incómodos donde dos hermanos escuchan himnos distintos antes de intentar destruirse futbolísticamente durante 90 minutos.

Detrás de todas estas historias hay algo que incomoda a más de un purista: el concepto de nación ya no cabe tan fácilmente en una camiseta.

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Antes el futbol internacional parecía sencillo. Nacías aquí, jugabas aquí y morías futbolísticamente aquí. Fin del cuento.

Hoy no. Hoy hay hijos de migrantes, familias partidas entre continentes, dobles nacionalidades, herencias culturales mezcladas y decisiones que no siempre se toman desde el corazón, ni tampoco desde la lógica.

Y entonces, el Mundial deja de ser solamente un torneo de países, también se convierte en un retrato brutalmente honesto de cómo se mueve el mundo actual. Eso sí, hay algo deliciosamente cruel en todo esto.



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