
Máquina descarrilada
La situación por la que atraviesa el Cruz Azul ha llegado a un punto dramático y determinante. Previo al inicio de la temporada, nadie se hubiera imaginado que la Máquina iba a estar ubicada en las últimas posiciones, registrando una victoria en seis encuentros y sólo cinco de dieciocho puntos disputados. Una vez más, el futbol nos muestra que el poder económico y el contar con elementos de prestigio no garantiza el éxito y que, por el contrario, puede resultar una inversión bastante costosa y poco efectiva.
Se podrían presentar argumentos válidos en torno a la ausencia de resultados cuando, pese a que no se obtienen las cuentas deseadas, se observa la determinación de los jugadores, cuando la pelota se maneja con sentido y criterio e, incluso, cuando se sale en una mala tarde, pero jugando de esta forma es imposible el aceptar justificación alguna, pues cualquier palabra expresada no servirá más que para intentar tapar el sol con un dedo y eso, al menos en los equipos grandes, no se encuentra permitido. La crisis que está viviendo el conjunto celeste no es nueva; desde la salida de José Luis Trejo, producida, principalmente, por la apatía de los jugadores, encabezados por Francisco Palencia y Sebastián Abreu, el conjunto azul ha sido incapaz de identificarse con una filosofía futbolística y ha adolecido del entorno propicio para trabajar, requisito fundamental para los que aspiran a cumplir con metas y objetivos importantes.
Señalar al culpable absoluto de la problemática cementera entraña cierto grado de dificultad; lo más sencillo sería condenar a Enrique Meza, quien, en honor a la verdad, no ve la luz desde su estrepitoso fracaso al frente de la selección mexicana, pero estaríamos cayendo en un juicio poco analítico y bastante cómodo para los verdaderos actores de este deporte: los futbolistas. Más allá de las evidentes fallas estratégicas del “Ojitos” y de su ya característica pasividad a la hora de dirigir, queda la impresión de que el ambiente interno de la institución se encuentra seriamente dañado y es ahí, en sus entrañas, donde la directiva cruzazulina debe enfocar sus baterías y encontrar los factores que están incidiendo de manera negativa en el corazón del club, causando fisuras que deterioran seriamente la imagen actual de una entidad que no está acostumbrada a este tipo de vivencias.
Ya en ocasiones anteriores los dirigentes del Cruz Azul nos demostraron que no tienen miedo de tomar decisiones drásticas, esperamos que, en esta ocasión, elijan el camino adecuado.
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