Opinion
Mostrar una actitud pesimista y pronosticar lo peor para nuestra causa se ha convertido en toda una costumbre. A unos días del Mundial, sobran los que jurán que el Tri no pasará de la primer ronda.
Mientras aficionados y medios se encuentran sumergidos en la euforia mundialista, las Directivas del futbol mexicano se preparan para tomar decisiones que repercutirán directamente en su futuro.
Acudir a la última fecha rogando por que se presenten determinados resultados no es más que el reflejo de un semestre mal planeado, mal ejecutado y con una significativa dosis de mala suerte.
El posible llamado de Nery Castillo para sumarse a la Selección Mexicana que participará en la Copa del Mundo implica cuestiones que van mucho más allá de lo futbolístico.
El escandaloso descalabro de la escuadra dirigida por Ricardo Ferretti ante Cruz Azul desnuda las terribles carencias de un equipo que terminó por habituarse a oscilar en la medianía.
Confundir los deseos de dar continuidad a un proyecto con una actitud terca y dañina para una institución se ha convertido en la más grave irresponsabilidad de Tigres.
Encontrar un aliciente que mantenga vivo el espíritu de aventura suele derivar en frustración para un alto porcentaje de los seres humanos.
El futbol mexicano por fin puede encontrarse optimista en uno de los rubros en los que constantemente suele fallar. Para beneplácito del balompié nacional, la Copa del Mundo se acerca.
El América ha terminado por acostumbrarse a señalar a la mala suerte como la principal responsable de la inconsistencia en que navega a últimas fechas.