Opinion
Cada año se celebra la competencia más antigua del mundo y aunque pareciera estribillo, sinceramente su magia sigue siendo inigualable.
Hablar de un cambio de imagen en el deporte siempre es un tema polémico. A diferencia de lo que ocurre en otras industrias, en la deportiva los rituales, contenidos y colores marcan la diferencia.
Durante las pasadas fiestas navideñas experimenté en carne propia lo que el promedio de aficionado al futbol siente con respecto a Cuauhtémoc Blanco.
Llegó enero y nuevamente abrimos el año futbolístico con el llamado Interliga, tan polémico como en ocasiones divertido.
La participación del Atlante en el Mundial de Clubes ha sido indudablemente uno de los logros más destacados dentro de la historia de los Potros.
Como en Inglaterra 1966, el sorteo del Mundial ha arrojado enfrentamientos para la Selección Nacional en contra del anfitrión, de Uruguay y de Francia sólo que a diferencia de hace ya casi 44 años.
Las recientes declaraciones de algunos jugadores americanistas han reabierto el debate sobre la conveniencia o no de pedir espectáculo cuando de futbol se trata.
De cara a una mayor profesionalización de nuestro futbol existe un larguísimo camino por recorrer que incluye, lo mismo mejoras en el ámbito deportivo que en lo que se refiere a gestión de marca.
El Divino Calvo sin siquiera proponérselo lo ha logrado. Aún recuerdo su debut en Primera División en agosto del 2007 cuando en un aburrido encuentro empataba a cero con el América.