Gonzalo Plata: de patear bolas de papel a ser el mejor en Ecuador

Su padre se fue de casa cuando apenas tenía 2 años, pero su madre logró sacarlo adelante hasta convertirse en una de las grandes promesas sudamericanas.

Plata, la figura de Ecuador.

Eduardo Domínguez

Gonzalo Plata (Guayaquil, Ecuador; 1 de noviembre, 2000) solo tenía dos años cuando su padre lo abandonó y por eso su madre, llamada Mónica Jiménez, tuvo que ingeniársela para sacarlo adelante, junto a sus cuatro hermanos, circunstancia que llenaría de limitantes a toda la familia.

Sin estudios en los que se pudiera apoyar, Mónica solo aspiró a lavar ropa ajena o limpiar las casas de otros para hacerse de unos dólares y llevar comida a casa, sin pensar que ese esfuerzo sería recompensado años más tarde por un pequeño con talento innato para el futbol.

Lo más duro fue cuando lloraba sola, porque ellos (sus hijos) pedían cosas que no les podía comprar”, contó la madre al periódico Expreso (julio de 2020) y previo a agradecer que en esa pequeña casa construida con cañas creció Gonzalo, un inquieto y apasionado futbolista que sería la bendición de la familia.


Plata pateaba todo

A pesar del contado dinero que había, Plata siempre fue impulsado a estudiar, aunque en su cabeza lo único que realmente le motivaba era jugar al futbol, sin importar que muchas veces ni para unos zapatos tuviera.

Las hojas de sus cuadernos casi siempre terminaron hechas bolita para que el futbolista en ciernes pudiera practicar tiros y dribles, al igual que ramas y hojas de árboles que enredaba para jugar.

Por el futbol hizo locuras, aunque ninguna tan osada como cuando tenía 15 años: se perdió 14 horas por ir a probar fortuna al club Rocafuerte. En casa había preocupación, miedo, pero cuando Gonzalo volvió lo hizo con la satisfacción de que se había quedado, lo que evitó un castigo mayúsculo.

No obstante, a Mónica no le acababa de enamorar esa idea de que jugara futbol, por lo que condicionó su estadía a que le ayudaran con los estudios, idea que fue bien recibida en su siguiente club, la academia Alfaro Moreno, en donde las preocupaciones se empezaron a hacer menos, ya que los otros papás le obsequiaban dinero para transportarse e incluso algunas zapatillas.


Nueva casa de cemento

Al margen de los problemas familiares, Gonzalo maravillaba a cada paso gracias a su gran velocidad y capacidad de hacer daño en las áreas rivales, por lo que llegó a Liga de Quito antes de pasar a Independiente del Valle en el año 2012, club en el que sí le garantizaron apoyo para seguir en la academia.

Además, el apodado Matagigantes le brindaría una casa sólida, construida de cemento, por lo que en ese punto ya solo debía esperar que le llegara el momento ideal para jugar en la Primera División, oportunidad que le llegó en 2018.


Tras su debut también se consolidó en selecciones inferiores de Ecuador, y ya en enero del año 2019 formaba parte del Sporting Lisboa, lo que sería el inicio de un gran año en el que también fue campeón del Sudamericano Sub 20 y tercer lugar en la Copa del Mundo Sub 20 de Polonia 2019, donde incluso fue Balón de Bronce.


Sin embargo, al día de hoy su pendiente es consolidarse en Europa, ya que ni en Portugal ni con Valladolid ha encontrado regularidad, por lo que es una incógnita saber dónde jugará a partir del próximo verano, hoy su única preocupación después de vivir una niñez que solo superó, gracias a su madre.


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