Último Guerrero dormía debajo del ring antes de ser estrella de la Lucha Libre.

El gladiador de la Comarca reveló algunas complicaciones que tuvo que vivir en su carrera, antes de llegar a la cima.

Último Guerrero, el luchador de otro nivel (FOTO: CMLL)

Editorial Mediotiempo

Último Guerrero es uno de los mejores luchadores de México en los últimos años, su estilo, sus facciones, su carisma y sus grandes rivalidades lo han colocado como uno de los preferidos de la afición.

Sin embargo, antes de llegar al estrellato, no todo fue miel sobre hojuelas para el lagunero, ya que hubo un tiempo que llegó a dormir en las arenas, debajo del ring, debido a la poca paga y las complicaciones que se vive en el pancracio independiente.

En entrevista para La Tijera, José Gutiérrez Hernández, nombre real de Último Guerrero, contó cómo al llegar a la CDMX se las vio duras, arriba y abajo del cuadrilátero.

"Llegas, nadie te conoce, no hay trabajo asegurado. Llego a Promel y nos dieron chance a mi y mis parejas, Luciferno y Panterita del Ring, de quedarnos abajo del Ring en un gimnasio de Eje 6 y las Torres. Ahí viví 2 años".

"Fue mucho sacrificio, pero eso vale la pena cuando ya viene el éxito".

Una vez en la Ciudad de México, la lucha tardó en llegar y el de Torreón tuvo que buscar trabajo en otra rama.

"Cuando llego a México batallas para la papá, no hay luchas, no hay de comer y hay que buscarle. Fuerza Guerrera pregunta que quién sabía soldar y yo había estudiando eso. Entre a trabajar a la Merced y a ganar dinero, ya sacaba para comprarme aguacate y tortillas".

El día que casi pierde un dedo

Dentro de ese trabajo para Fuerza Guerrera, el Guerrero vivió momentos tan complicados que casi lo orillaron a tirar la toalla y volver a la Laguna, como el día que una máquina casi lo deja sin un dedo.

"Estaba pintando charolas y cuidado una máquina industrial, tenía un desastre y una guillotina me cortó el dedo, me rebanó el hueso y pues imagínate. Sin dedo, con dolor, sin lucha, sin dinero. Me llevaron a una prensa y me cocieron sin anestesia. Ahí fue cuando dije '¿Qué estoy haciendo aquí?'".



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