
Controvertido por naturaleza
La polémica se mantendrá encendida hasta que inicie la Copa Mundial Alemania 2006. Ricardo La Volpe ha buscado minimizar la ausencia de Cuauhtémoc Blanco argumentando que el singular artillero americanista tiene un lugar asegurado entre los elegidos que viajarán a suelo teutón. Nuestro seleccionador nacional afirma que no necesita probarlo, que aprovecha el tiempo para observar alternativas complementarias. Sus declaraciones caerían en el terreno de la credibilidad si existiera congruencia entre el discurso y los hechos. La solidez de sus palabras se derrumba en cuanto llama a jugadores probados en infinidad de ocasiones. Partiendo de la premisa vertida por él mismo, respetando al pie de la letra sus conceptos, elementos como Oswaldo Sánchez y Rafael Márquez tendrían que integrarse en la última concentración anterior a la máxima justa futbolística del orbe. Se trata de un pretexto, de una salida para esconder lo que todos sabemos: la relación con el jugador azulcrema está contaminada por viejas rencillas, por los dañinos juegos de ego que se dan a nivel profesional. El conflicto seguirá robando cámara mientras el beneficio deportivo no esté por encima de la vanidad.
Entrar a la dinámica de señalar a inocentes y culpables en el caso Blanco-La Volpe carecería de sentido. En días anteriores, Cuauhtémoc dio su versión sobre los acontecimientos previos a la Copa Confederaciones, certamen al que no acudió por haber solicitado unos días de descanso, y apuntó a Jorge Campos como el autor intelectual de una trampa urdida con el fin de alejarlo del tricolor. Se trata de la palabra de uno contra las de otros. Cada quien se ha formado su propio punto de vista. Pero hallar la solución del problema resultaría un ejercicio mucho más saludable que el de preguntarnos quién tiene la razón. La voluntad no ha estado en ninguna de las dos partes. Una, el jugador, mantiene su hostilidad disfrazada de indiferencia hacia todo lo que tenga que ver con Ricardo Antonio; la otra, el director técnico, acude a su autoridad en el banquillo y al apoyo de sus incondicionales para seguirle dando vueltas a un asunto que muy pronto requerirá una respuesta definitiva. Ambos se necesitan. El primero por el prestigio que te da participar en un Mundial; el segundo, porque necesita urgentemente, aunque no lo reconozca, alguien que marque la diferencia de tres cuartos de cancha hacia adelante. Se acerca el día en que las postergaciones estarán fuera de lugar; que la inteligencia impere es el deseo.
Las diferencias entre futbolistas de renombre y quienes dictan ordenes desde la línea de cal son fenómenos frecuentes en el balompié. El choque de personalidades es normal en la relación entre seres humanos, egoístas y orgullosos por naturaleza. La problemática adquiere mayor relevancia en cuanto el distanciamiento no es con uno o dos miembros del medio, sino con cualquier cantidad de integrantes del mismo. La Volpe no únicamente está peleado con Cuauhtémoc y Hugo, culebrones estelares del técnico tricolor, también registra encuentros desagradables con directivos, representantes de prensa y, en términos generales, con aquellos que no comulgan con su filosofía. La forma de ser del argentino lo lleva equivocadamente a regirse bajo valores absolutos: o se está con él o se ésta en contra de él, al menos así lo entiende.
A Ricardo debe reconocérsele el carácter mostrado para soportar las críticas surgidas a lo largo de su gestión. Muy pocos pensaron que el pampero cumpliría con el ciclo mundialista; sin embargo, está a unos cuantos meses de lograrlo, de sembrar un extraño ejemplo de continuidad en nuestro impredecible futbol. Así como su temperamento le ha merecido un sinnúmero de descalificaciones debe aceptarse que se requiere valentía para mantenerse en un puesto anhelado por muchos. Las relaciones públicas nunca serán el fuerte de La Volpe. Ya que difícilmente llegará a contar con la simpatía de los medios, no le queda más que apostar por una destacada actuación en la Copa del Mundo, con Cuauhtémoc incluido, para salir bien librado de un objetivo que lo marcará para siempre. Si destaca, todo se le perdonara; si fracasa, la afición se encargará de restregarle una y otra vez las equivocaciones cometidas.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MEDIOTIEMPO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.