
El año azul
La conclusión del 2008 con dos subcampeonatos en la cuenta del Cruz Azul coloca a la entidad de La Noria con un grado de efectividad y desempeño mayor al de los quince equipos restantes que ni siquiera pudieran ingresar a la batalla por el título. Bajo esa perspectiva cerrada y que deja de lado la etiqueta de grandeza que suele adjudicársele a la escuadra que perdió el tercer peldaño como el más ganador de nuestro balompié, el año que concluye no puede calificarse más que de exitoso. Si se confronta lo hecho por el cuadro celeste con América, Chivas y Pumas, es evidente que el resultado se inclina a favor de los azules.La única objeción que se le puede colocar al argumento anterior es que para efectos de historia y revisión de palmarés, Cruz Azul es a partir del domingo pasado el cuarto equipo en cuestión de títulos obtenidos. Si un aficionado o estudioso extranjero llegara a nuestro país y dibujara el podio de los tres cuadros más importantes de México, el conjunto dirigido por Benjamín Galindo no alcanzaría ni siquiera el más bajo de los peldaños. Al imaginar este escenario, la lectura cambia y, para variar, es necesario analizar los términos de grandeza y exigencia bajo los cuales se rigen las instituciones en nuestro balompié.Insisto en señalar como válido el consuelo celeste de haber sido superiores a cuando menos el ochenta por ciento del resto de los equipos a lo largo del año. Entiendo que después de luchar con uñas y dientes, de emparejar una batalla que parecía perdida ante la mejor defensa del futbol mexicano y de por fin haber experimentado la sensación de que la sangre fría se había transformado en una actitud guerrera y dado paso a la visión triunfadora, resulte complicado ser fríos y reconocer que para los efectos numéricos, hoy La Máquina está más hundida que en años anteriores.Los trofeos que adornan las vitrinas no lo son todo. En términos de grandeza o importancia a nivel nacional, sigo colocando a Cruz Azul sobre los Diablos Rojos del Toluca. Lo que discuto, de nueva cuenta, es que los aficionados al equipo celeste se encuentren tan satisfechos después de haber perdido. Hay formas de caer, y en ese sentido, los cementeros lo hicieron de la mejor forma posible. Pero la falta de coronas ahí está, se mantiene desde hace once años y para nada está garantizado que estos dos subcampeonatos deriven en el título que permita emparejar la cantidad de campeonatos de liga cosechada por la escuadra choricera.Nuestro futbol es peculiar. Siempre recurrimos al ejercicio de buscarle argumentos positivos a la derrota. Que si los jugadores se partieron el alma; que si fue culpa del árbitro; que fue la mala suerte; que seguramente será para la próxima. Sí, Cruz Azul fue mucho mejor que en años anteriores, pero no le alcanzó ni siquiera para ganar uno de los dos títulos en disputa. Eso tendría que generar preocupación, pues se le debe dar una lectura en la que se aprecia que ni siquiera bajo un nivel destacado y por encima de la media, se consiguió el anhelado campeonato.No fue fracaso, pero tampoco me parece válido decir que fue un buen año para La Máquina. Seamos exigentes…Opina de esta columna aquí.
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