Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

El Interliga y los males necesarios

El selectivo para elegir a dos de nuestros representantes en la Copa Libertadores de América se ha convertido desde hace ya algunos años en el torneo más odiado por los jugadores de los conjuntos involucrados en la competencia. A su anuncio sobrevienen las quejas de jugadores y técnicos hartos de que la Federación Mexicana de Futbol los sature de actividad sin siquiera hacer el mínimo esfuerzo para lograr que el acceso a la máxima justa continental a nivel de clubes se resuelva de manera estrictamente deportiva y sin necesidad de inventar un certamen que termina convirtiéndose en pretemporada para un alto porcentaje de los equipos invitados.

Los nombres de los quejosos cambian de una edición a otra, pero en el fondo se mantiene un mensaje semejante: el Interliga impide la correcta realización de un trabajo previo al inicio de la liga y abre las puertas para que escuadras sin la solidez necesaria para afrontar una justa internacional acceda a ella y exponga sus debilidades ante los ojos continentales.

Mientras tanto, haciendo oídos sordos y entregándose a las prioridades económicas que suelen (cuando menos en nuestro país) estar por encima de cualquier otro rubro, los máximos directivos de la FEMEXFUT y hasta los propietarios de las entidades directamente afectadas permiten que el esquema se repita año con año, no importando la saturación de trabajo de los futbolistas, el poco espectáculo que se ofrece a nuestros compatriotas en canchas estadounidenses, ni el hecho de que cerca de la mitad de los contendientes acudan sin la verdadera pretensión de clasificarse.

Detrás de las polémicas palabras de Ricardo Ferreti hay una verdad ineludible. Atendiendo al más elemental de los respetos a los trabajadores –en este caso, los futbolistas- es un absurdo exigirles que se encuentren a un nivel óptimo justo unas horas después de las celebraciones de fin de año y no sólo eso, sino que se olviden de su familia para afrontar un torneo al que llegan fuera de ritmo y sin el entrenamiento necesario para entregar un producto digno de ser visto a los seguidores.

No obstante, minimizar la posibilidad de conseguir el pasaporte a la Libertadores me parece irresponsable de parte de un estratega acostumbrado a no ganar nada; a cosechar resultados decentes en la temporada regular, mas no a estar en el podio de triunfadores. Alguien que sólo ha cosechado un título tendría que mostrar hambre de triunfo, aunque sea en apenas la primera puerta para tener la posibilidad de brillar más allá de nuestras fronteras.

Al Interliga podríamos considerarlo como uno de los muchos males que se mantienen sin modificación en nuestro balompié. En ocasiones, nos reímos de lo cíclico que resulta el futbol mexicano. Si revisamos los diarios de años anteriores nos encontramos con cuestionamientos respecto a un problema que persiste en la actualidad y con las mismas respuestas por parte de los organizadores.

Este selectivo, al igual que la poca oportunidad que se le da a los delanteros mexicanos de tener acción, el porcentaje y la misión imposible a la que se enfrenta el cuadro que asciende y la abundancia de extranjeros, forma parte de un medio en el que hemos identificado un número significativo de enfermedades, incluso estamos familiarizados con ellas, pero no hacemos mucho para erradicarlas, terminamos aceptándolas como pequeños defectos en la estructura de una organización que avanza a pasos de tortuga. Opina de esta columna aquí

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