Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

El legado de Lebrija

Hoy voy a ir en contra de la corriente. Asumo una posición positiva y que a muchos molestará, porque constantemente preferimos la crítica al reconocimiento del trabajo bien realizado, pero Rafael Lebrija se lo merece por muchos aspectos… contrataciones planificadas con acierto, elección acertada de directores técnicos y, sobre todo, por haberle dado una personalidad ganadora a una institución que bajo su tutela se convirtió en una de las grandes de nuestro balompié, estando incluso por encima de escuadras históricas que viven del pasado y lamentan su presente.

Salvo que algo extraordinario ocurra, sus días al frente de los Diablos Rojos están contados. Sus diferencias con el propietario del Toluca parecen insuperables, mas no por ello estamos en el derecho de olvidar las extraordinarias cuentas que estaría entregando, y es que dejaría a los choriceros como uno de los dos conjuntos más exitosos en la historia de los torneos cortos y como uno de los muy pocos que vencerán el paso del tiempo y permanecerán en el recuerdo dibujando una imagen de grandeza y eficacia inédita en un futbol cada vez menos regular.

La tarea de ser directivo luce manejable a simple vista. Si nos detenemos a analizar fríamente y bajo la más simple de las premisas, no se necesita más que saber identificar a los estrategas adecuados para seguir cosechando victorias sin romper con el proceso anterior y ser muy precavido con la chequera al momento de encontrar a los refuerzos nacionales y extranjeros que llegan de un torneo a otro. Sin embargo, en la práctica –basta con hacer un recuento de lo que sucede en la mayor parte de quienes integran la Primera División-, este par de requisitos elementales es motivo suficiente para fracasar con estrépito. En la práctica, tomar decisiones desde un escritorio y hacerlo con solvencia requiere de un carácter fuerte y de una personalidad estudiosa, capaz de tomarse un respiro para evaluar el extenso archivo de jugadores propuestos por representantes y personajes ligados a la industria del balón.

Su pecado principal, según se ha dicho, fue haber terminado en pleito con el histórico José Saturnino Cardozo, quien de manera paradójica es uno de los ejemplos del rentable trabajo de Lebrija. Desde que estalló la pelea con el último gran ídolo de la entidad mexiquense nada volvió a ser igual, la afición no lo olvida y el fantasma del ex jugador guaraní amenaza con materializarse próximamente en un puesto directivo y/o en el rol de técnico del conjunto rojo.

Del mismo modo, futbolistas de la talla de Hernán Cristante, Vicente Sánchez, Antonio Naelson, José Manuel Abundis y Paulo da Silva, entre otros, fungen como prueba irrefutable del aseado quehacer del directivo en cuestión. Si volteamos al banquillo, el panorama es semejante. Por ahí han pasado Enrique Meza, Américo Gallego, Ricardo La Volpe y José Pekerman, la reciente palomita en la lista del "Papayo".

No exagero al decir que se iría uno de los pocos directivos que ocupan con integridad un puesto de tal estirpe. Su manera de conducirse generó incomodidad entre sus colegas, de ahí que nunca haya alcanzado la presidencia de la FEMEXFUT. Es un hombre polémico y que siempre defendió los intereses de los Diablos Rojos, no importando que enfrente estuviera el poder de las televisoras, Alberto de la Torre o la posible sanción por parte de la Comisión Disciplinaria. El futbol de escritorio lo extrañaría, de eso podemos estar seguros. Opina de esta columna aquí

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