
Entre Atlas y la Libertadores
Escribo la presente unos cuantos minutos después de observar el dramático boleto del Atlas a la siguiente ronda de la Copa Libertadores. Confieso que temí por los Zorros cuando el marcador se puso en su contra, dudé de su capacidad de reacción; sin embargo, ha vuelto a quedar demostrado que los equipos mexicanos tienen con qué imponerse a los rivales de mayor envergadura del continente.
La edición de este 2008 ha resultado por motivos diversos una de las más complicadas para nuestros representantes en la máxima justa continental a nivel de clubes. A excepción de lo ocurrido en 1999, cuando Necaxa fracasó en su intento por superar a los venezolanos en la antesala del torneo y Monterrey quedó en la orilla antes de saborear el verdadero significado de la añeja competencia, las escuadras aztecas solían encontrarse con circunstancias a modo para cuando menos acceder a la segunda fase. Incluso aquellos contingentes que no parecían listos para soportar el arduo trajín que se genera con partidos consecutivos a mediados y fines de semana conseguían firmar con decoro su andar.
La situación para la justa que discurre sufrió un cambio de ciento ochenta grados. América, Atlas y Chivas, que terminó despidiéndose antes de tiempo, padecieron cualquier cantidad de complicaciones a lo largo de la ronda de grupos. Mientras el cuadro de Coapa amarró su clasificación gracias a las atajadas de Ochoa, la contundencia de Cabañas y el chispazo de Higuaín ante la Universidad Católica en el estado Azteca, los Zorros remaron contracorriente y cerraron con nota sobresaliente una etapa que injustamente amenazó con liquidarlos, y es que su grupo, engalanado por el soberbio Boca Juniors y el ostentoso Colo Colo, lucía de antemano como una misión imposible.
La estadística y los hechos dirán que el fracaso en el plano internacional corresponde al Guadalajara. El equipo de Jorge Vergara, con todo y su buena marcha en el torneo local, no pudo con el esquema ultradefensivo del Deportivo Cúcuta y fue echado por la puerta de atrás. No obstante, el análisis debe ir más allá de cuestionar el rendimiento de los rojiblancos en este certamen, pues resulta digno de mención el hecho de haber tenido que aguardar hasta el último suspiro para aplaudir o llorar, dependiendo de cómo se le vea, con los pasaportes de Águilas y atlistas a los octavos de final.
Mi mente viaja hacia el pasado y revive las palabras con las que Rubén Omar Romano aseguraba que su escuadra se iba a jugar el todo por el todo en la liga, pues no veía muchas posibilidades en la Libertadores. Semanas más tarde, nos encontramos con que las prioridades fueron cambiadas y con que el técnico emplumado que prometía dar pelea en la liga asegura que no tiene caso presentar su renuncia. Promete el título continental y modifica sus ideas de acuerdo a como le va en el baile.
Podrán decirme que es de sabios cambiar de opinión, que la vida misma es un claro reflejo de ello. Empero, habría que exigir mayor compromiso y claridad por parte de técnicos, directivos y jugadores para que éstos informen a priori cuáles son las metas y los parámetros con los que debe ser evaluado su rendimiento. No se vale que un torneo se utilice como salvavidas cuando había sido menospreciado apenas unos días antes.
Casos como el de Romano los hay al por mayor. Las propias Chivas, dentro de su filosofía de marca, saben en su interior que resulta prioritario dar un espectacular campanazo en el plano internacional para consolidar la etapa bajo la administración de Vergara.
Salvo a los aficionados del Rebaño, que en un alto porcentaje detestan a sus coterráneos, estoy seguro que el Atlas nos ha llenado de alegría. Tanto a emplumados como a Zorros los estaré apoyando, pero ello no debe ser pretexto para opacar la mala planeación y poca congruencia que podemos encontrar en la estructura y comportamiento del balompié nacional.
Cuando no se cambien los objetivos, cuando se mantengan las metas firmes, podremos hablar de un futbol de primer mundo; mientras tanto, las emociones del balón en México nos llevan hacia donde el destine lo desea.
Por cierto, ¿era mucho pedir que también echaran a Boca?Opina de esta columna aquí.
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