
Indios y Puebla, la devaluación del futbol mexicano
Que el título de nuestro balompié esté al alcance de todos no es necesariamente un ejercicio democrático ni de sana justicia. Idealistas como somos, hemos llegado a pensar que la obtención de un campeonato no debe estar cerrada a unos cuantos y que los dieciocho equipos que integran el Máximo Circuito merecen la posibilidad de soñar con levantar la corona. Seduce la teoría romántica de entregar a todos la gloria, pero olvidamos que el futbol se disfruta más cuando existen escuadras que parecen invencibles, equipos que marcan la pauta y que alcanza rachas positivas que los rivales buscan romper, sin que importe la sangre derramada en el acto. Bajo el argumento de elevar la competitividad, se ha permitido que la corona del futbol mexicano pueda ceñirse a la cabeza de cualquiera que de un día para otro irrumpe en la Primera División, ya sea por merecimientos deportivos o por inversiones "milagrosas" que colocan a oncenas en la Primera categoría. Seis meses de historia, unos cuantos millones de dólares invertidos y una fuerte dosis de motivación bastan y sobran para, de acuerdo a nuestros muy pobres estándares, vislumbrar un escenario de posible campeonato en plazas de escaso arraigo futbolero o que son víctimas de la ineptitud de los hombres de pantalón largo. Lo sencillo en los días que discurren es congratularse por las historias de vida escritas por los Indios de Ciudad Juárez y la Franja del Puebla. Los dos casos acaparan la atención, incluso por encima de la continuidad de los Tuzos del Pachuca y el arraigo de los Pumas. En México, partiendo de ese menosprecio constante hacia nosotros mismos, gustan más las experiencias de superación, habitualmente con caducidad de seis meses, que las de constancia y construcción de una filosofía ganadora siempre presente sobre el terreno de juego. Nos acomoda más ser pobres y ganar de vez en cuando que partir de los máximos ejemplos de éxito y constancia. El objetivo de esta columna no radica, ni siquiera mediante una vía indirecta, en demeritar los tamaños mostrados por los camoteros y el conjunto fronterizo, pero sí en que se realice una reflexión respecto a lo poco que se está exigiendo para que un equipo alcance las Semifinales de nuestro balompié. La victoria debe costar para tener un auténtico sabor a gloria, y es evidente que esa máxima no se está cumpliendo cabalmente. Las sorpresas en el futbol nunca será desechadas, forman parte del juego. Sin embargo, me gustaría, aunque fueran menos los terrenos insospechados, que esos hechos inéditos partieran de escuadras que construyen sus obras durante años y no de momentos aislados que se compaginan con lo benéfico del sistema de competencia. Cuando ello ocurra, cuando veamos escuadras humildes que parten de años de trabajo para cumplir sus metas, entonces sí, podremos hablar de un alto grado de competencia y de equipos chicos que con poco supieron hacer mucho. Señalar a Indios y poblanos como botones de muestra ingresa al área del error, especialmente en el segundo caso. La escuadra de la Franja no fue planeada con acierto ni con inteligencia. Su Directiva es un desastre, está rota internamente y lo que menos pensó a la hora de armar su oncena, era alcanzar las Semifinales. Que los jugadores y el técnico se hayan valido de una campaña de inspiración es otro cantar, pero en su concepción, el cuadro de la Angelópolis dista mucho de fungir como ejemplo para el resto. Incluso en lo que respecta al "Chelís", no debe adjudicársele una etiqueta de técnico modelo, pues tendría que afrontar retos mayores o registrar una continuidad trascendental en el mismo conjunto para estar en condiciones de ser catalogado como uno de los mejores estrategas de México. Bienvenidos los hechos inesperados en nuestro balompié. Lo que no me agrada es que se den con tanta facilidad y que el periodismo, oportunista por tradición, los coloque como referentes, olvidando que hace unos meses se hablaba de escuadras sin recursos y planeados de forma errónea. Peor aún, si Indios o Puebla descienden o desaparecen mágicamente en el futuro cercano, los mismos que hoy alaban afirmarán que todo se hizo mal y que es justo castigo a lo que se dejó de hacer sobre la cancha.
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