Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

La ineptitud de Bauer

Jugar fácil y sin estridencias es uno de los mayores retos sobre el terreno de juego. Encontrar la forma de manejar el esférico sin complicarse la vida y sin permitir libertades al rival entraña un desafío habitualmente insuperable para un alto porcentaje de los equipos que forman parte de una competencia. Para simplificarlo, el sentido común a la hora de jugar suele, por más sencillo que luzca, convertirse en el punto de rompimiento entre los mediocres y los que escriben páginas de oro en la cancha. La lógica del rectángulo verde aplica también a los escritorios. La explosiva posición en que se encuentra Michel Bauer es un reflejo de lo que ocurre cuando se carece del tacto y la sensibilidad para tomar decisiones. El Presidente del América, incapaz de ser pragmático, se metió sin querer, pero haciendo todo lo posible para ello, en un terreno peligroso y del que no parece existir una salida. Su falta de inteligencia para comprender el entorno lo llevó a cometer errores tan notables como pelearse con el último gran referente del americanismo, el más reciente recuerdo de una grandeza olvidada en los escombros del pasado. El concepto de ineptitud, vale la pena aclararlo, no pretende insultar al máximo directivo emplumado, sino hacer referencia a la falta de aptitud o capacidad (significado de ineptitud de acuerdo a la Real Academia Española).  Bauer se ha mostrado como un inepto al ocuparse de un tema que ni siquiera merecía su atención. El homenaje a Blanco ya estaba dado y Cabañas no se moría por vestir la camiseta número diez, misma que va más acorde a las características de Cuauhtémoc, hombre de talento y exquisito toque, que a las de Salvador, elemento de área con habilidades más cercanas al tradicional número nueve. Sólo a un directivo que perdió el sentido común se le manifiesta, cual inspiración mágica de un artista, la idea de enemistarse con el jugador ofensivo mexicano más importante de los últimos tiempos y uno de los máximos referentes de la institución que representa. Los efectos de la equivocación se magnifican al provocar este conflicto en tiempos en los que no hay absolutamente nada que presumir. El equipo aburre, se contratan jugadores al cuarto para la hora y Jesús Ramírez pasa de ser Campeón del Mundo a un estratega ratonero y poco comprometido. El error del número diez no es independiente. Las tonterías se acumulan. Entre Ordiales , Michel y Chucho decidieron impugnar lo indefendible. Aquivaldo Mosquera agredió y merece irse tres partidos. La culpa de la sanción no la tiene la Comisión Disciplinaria. La molestia de la Directiva tendría que enfocarse al jugador y al técnico que no logra controlarlo. Y si las Águilas extrañarán tanto al jugador colombiano es por la falta de talento y por jugársela a depender de un solo elemento. Dudo que Ricardo Rojas pueda convertirse en líder de una zaga deshecha y de nula continuidad. Como tercer golpe a la administración de Bauer, surge la falta de cortesía y lealtad mostrada hacia Carlos Sánchez. América y otros conjuntos acostumbran apoyar sólo cuando la situación es oportuna para aparecer como bondadosos en los medios de comunicación y así generar un impacto positivo a la imagen. Pero la actitud "caritativa" se transforma en menosprecio en cuanto los micrófonos se alejan. Importa poco el valor del ser humano y protegen pesos y centavos, proceso que tendrían que realizar con pulcritud a la hora de contratar y no cuando se trata de una persona que estuvo a punto de perder la vida en el ejercicio de sus labores. La Real Academia lo avala: Bauer es un inepto. El americanismo lo quiere ver fuera.

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