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Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Las puertas abiertas del América

Resulta fastidioso escuchar siempre las mismas excusas y los mismos argumentos. En cuanto un fracaso toca a la puerta, los máximos directivos salen para afirmar que "necesitamos jugadores que en verdad sientan la camiseta" o el clásico de Manuel Lapuente "quien se quiera ir, que se vaya". El Director Deportivo de las Águilas parece no tener una declaración distinta; siempre, como si de un instructivo se tratara, asocia el incumplimiento de las metas con la ideología de las "puertas abiertas".

Las Águilas necesitan mucho más que unas declaraciones robotizadas, dichas en automático. Una institución que se precia de ser una de las más importantes de nuestro país no tendría que limitarse a abrir el paso a quienes no deseen estar en sus filas, sino a exigir que rindan al máximo tanto a nivel individual como colectivo. Más allá de la disposición de los jugadores a estar o no en el América, es la entidad la que tendría que decidir claramente quién sí cumple con su función y quién no.

A nadie sorprende que se hable de una limpia. Cada torneo se menciona prácticamente lo mismo y se promete recuperar la esencia del americanismo, que tendría que estar mucho más allá de los dólares y el egocentrismo. Mientras Guillermo Cañedo anuncia medidas severas, Luis Fernando Tena simula no darse cuenta de lo que acaba de suceder y defiende a sus jugadores.

Se entiende que un timonel defienda a sus dirigidos, pero no que solape o justifique el ridículo más importante de nuestro balompié en años recientes. Cuando elementos de la talla de Claudio López o Salvador Cabañas son incapaces de regatear a un defensa enemigo y prefieren apoyarse con el compañero para evadir responsabilidades, no hay argumento suficiente para ocultar lo que a todas luces fue visible: los de Coapa son un desastre sobre el terreno de juego.

Los lujos y comodidades que directivos y futbolistas se encuentran a la hora de integrarse a las Águilas complica el que alguien desee abandonar sus filas, mucho dinero está en juego. Por eso hay que forzarlos a salir, abrirles las puertas y cerrarlas para que no regresen. Manuel Lapuente, si de verdad es reflexivo, tendría que hacer caso de su propia invitación y caminar por las "puertas abiertas" para dar un paso al costado. Pero no lo hace, es entendible… Entonces,  lo que cabría esperar es que le den las gracias.

El hombre de la boina no es el único responsable aunque sí uno de los que mayor porcentaje de responsabilidad tienen sobre sus espaldas. La vicepresidencia deportiva y el Cuerpo Técnico se equivocaron rotundamente al contratar delanteros y olvidarse del mediocampo; también se equivocaron al dejar ir a Pável sin tener un sustituto del mismo nivel. No aceptarlo equivale a evadir obligaciones.

En estos momentos de tormenta, muchos culpan a Cuauhtémoc Blanco de la debacle americanista. La realidad es que no puede exigírsele a un jugador de esa edad y que ha tenido que soportar diversas lesiones que cargue con todo el peso del equipo. ¿Dónde quedaron las otras figuras? ¿Por qué se cuestiona mayormente su talento y no el de los extranjeros que llegaron como estrellas y se opacaron al grado de hacerse invisibles sobre el terreno de juego?

Las puertas deben abrirse tanto voluntaria como autoritariamente. Hay muchos que supuestamente quieren estar pero no dan resultados. A esos no hay que darles poder de decisión. Lapuente es bueno en el banquillo mas no como directivo. Mientras las contrataciones azulcremas tengan que pasar por un filtro de amistad con Manolo y sus amigos, no existirá un verdadero grupo al interior de Coapa.

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