
Marcha atrás
Las decisiones tomadas en la junta de propietarios del futbol mexicano no hacen más que confirmar la equivocación cometida por la FEMEXFUT al realizar el aumento a veinte equipos, justo en el momento en el que las principales ligas del mundo, de la mano de la Federación Internacional de Futbol , implementaban reformas para disminuir el número de partidos por año, buscando que, de esta forma, se aligerara la carga física y mental a la que estaban siendo sometidos los futbolistas profesionales, quienes, conforme a lo estudiado por diversos especialistas, se encontraban saturados y expuestos en mayor proporción a una posible lesión.
El error que se presentó al incrementar el número de participantes en el máximo circuito no se limita a la sobreexplotación de los profesionales del balón, pues existen otros factores, igualmente importantes, que fueron desatendidos al momento de implementar una iniciativa que fue guiada por una voracidad económica mal encaminada, es decir, que ni siquiera resultó efectiva para los objetivos inicialmente propuestos. Temas tan relevantes en el balompié actual, como lo son los derechos de comercialización, se convirtieron en un verdadero dolor de cabeza para los dirigentes, especialmente para los de los equipos que menos convocatoria tienen, y es que ni los medios de comunicación ni los patrocinadores tienen la capacidad o la intención de invertir en escuadras que no poseen una identidad definida y que pueden abandonar la plaza en la que se localizan sin previo aviso y con el consentimiento de las autoridades balompédicas, las cuales, al menos hasta el momento, manejan una lista numerosa de prioridades, sin que en estas podamos hallar el respeto a los aficionados.
El primer paso fue dado. Solo queda esperar que el mecanismo empleado para llegar a dicha cifra sea lo mas justo posible y siempre basado en la equidad deportiva, aunque la realidad nos marca que existen escasos elementos para lograr un consenso en el medio futbolístico nacional. En primera instancia, se habla de la posibilidad de que la Federación Mexicana de Futbol adquiera un par de franquicias para enviarlas a la división de ascenso o, en el peor de los casos, desaparecerlas, situación que para no variar tendrá como verdaderas y únicas víctimas a los pocos o muchos fieles seguidores de las instituciones involucradas.
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