
México, el grande mediocre
Siempre tan altivos, tan seguros de nosotros mismos… El futbol mexicano tiene por costumbre menospreciar por inercia toda iniciativa proveniente de CONCACAF. Pensamos que una de las regiones balompédicas más pobres del orbe no nos merece, que estamos muy por encima del resto de sus representantes, exceptuando a Estados Unidos. Como en aquel dicho que reza que en tierra de ciegos el tuerto es rey, a nosotros nos seduce la idea de encumbrarnos al cielo y sentirnos inalcanzables, aunque en el panorama mundial no obtengamos triunfos más que a cuentagotas. Nos acomoda la idea de ser león en nuestros rumbos y olvidamos que en otras latitudes apenas conocen los nombres de unos cuantos de nuestros futbolistas.El anuncio del lanzamiento de la coloquialmente llamada Concachampions provocó hilaridad en el medio nacional. En toda cabina de radio, en cualquier estudio de televisión, en las oficinas de Medio Tiempo y en cualquier plática informal, criticábamos a los dirigentes de la CONCACAF por hacer una mala réplica del torneo más importante a nivel de clubes alrededor del mundo. Lo paradójico del asunto es que a nosotros se nos olvida la forma en que hemos "adaptado" el concepto de barras bravas en nuestro país, replicado de forma aspiracional el pasillo al campeón y hasta copiado la moda de los desplegados entre clubes.La Liga de Campeones de la CONCACAF –vale comenzar por al menos llamarla por su nombre oficial- no va a cambiar la historia del balompié nacional. Nadie se va a ir al extranjero a partir de su participación en este certamen, pero tampoco resulta válido asumir posturas propias de una diva que siente que toda una competencia no está a su altura.Que rápido se nos olvida que hace poco, en esta misma región, nos quedamos sin clasificar a los Juegos Olímpicos, que previo al Mundial Estados Unidos 1994 el país entero celebró el resultado frente a Canadá que nos dio el boleto a la máxima justa futbolística del orbe.Característica natural de un grande consiste en asumir con humildad aquellos retos que a simple vista pudieran sortearse con facilidad. En México nunca actuamos de esta manera. Vemos, leemos y escuchamos entrevistas de jugadores de Santos antes de viajar hacia Puerto Rico para enfrentar a los Islanders y se aprecian los excesos de confianza, declaran sin pudor alguno que desconocen las fortalezas y debilidades del rival. Cruz Azul viaja a Honduras, piensa que con su presencia va a ser suficiente, y termina perdiendo ante el Marathon.Me dirán que el partido de Santos frente a los boricuas estuvo rodeado de circunstancias especiales. La cancha parecía una pista de hielo. Sin embargo, me cuesta entender que nosotros, tan seguros de nosotros mismos, tan petulantes ante la idea de convivir con nuestros vecinos, sigamos argumentando excusas para justificar un mal resultado ante rivales a priori minimizados por todos y cada uno de nosotros.México es como aquellos que viven en una colonia de bajos recursos y se trasladan a otras de mayor poder adquisitivo, pero al volver, se percatan de que ni siquiera ahí, donde el piso tendría que sentirse privilegiado por contar con su presencia, la situación ha mejorado.Somos o nos hacemos. Si queremos burlarnos de la Liga de Campeones de la CONCACAF, tenemos que hacerlo sobre la cancha, no con palabras egocéntricas y prepotentes. Mientras no aprendamos la lección, seguiremos como el grande mediocre, como el tuerto que va perdiendo el respeto de los ciegos.Opina de esta columna aquí.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MEDIOTIEMPO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.