
Mi triste Selección
Los hechos le han entregado la razón a Ricardo La Volpe. Aunque duela reconocer que un estratega tan soberbio como él es, al menos en parte, propietario de la verdad, los acontecimientos se han encadenado de una forma tal que parecieran haberse construido para validar los funestos presagios realizados por el ex timonel nacional. Sus palabras, en un porcentaje considerable, fueron ignoradas en un principio, pero hoy gozan de una credibilidad lastimosa para quienes pronosticábamos años de esperanza para el futbol de nuestro país. La Selección derrotada ante la escuadra salvadoreña ratifica la alarmante falta de elementos ofensivos. Ninguno de los delanteros del presente ha mostrado siquiera el amor propio de viejas generaciones. El tricolor no posee, salvo en el caso de Cuauhtémoc Blanco, un hombre capaz de inventar la genialidad cuando la mecánica no basta. Nery Castillo se acostumbró a vivir del recuerdo de unos cuantos partidos a buen nivel bajo el mando de Hugo Sánchez. El "Guille" Franco es más esfuerzo que técnica y tontería que inteligencia. Los remates de Borgetti, los quiebres espectaculares de Luis Hernández, el talento mágico de Ramón Ramírez, los disparos mortales de Ignacio Ambríz... Memorías del ayer que no encuentran ni el mínimo parangón en el presente. La vida siempre mantiene abierto el camino de lo inesperado. Cuando se viven momentos de tristeza, es posible imaginar que las circunstancias se acomoden para que muy pronto emerjan las sonrisas. Cuando se es feliz, un golpe es suficiente para presentar el más negro de los panoramas, y es justo este escenario el que vive el balompié mexicano. Tras la consecución de la Copa del Mundo en la categoría Sub-17, aficionados, periodistas, directivos y jugadores, contemplamos un futuro prometedor, que nos llevaría a esas alturas a las que nunca hemos podido acceder. Visualizamos a Giovani Dos Santos, Carlos Vela y César Villaluz, entre otros, como los próximos cracks del orbe. Hoy, Gio va de un equipo a otro sin encontrar la calma. Vela cuestiona a sus compañeros sin predicar con el ejemplo sobre el rectángulo verde. Villaluz es el máximo reflejo de uno de los conjuntos más mediocres de los últimos tiempos. El futbol azteca, una vez que se encontró con la cruel realidad, depende de su máximo pilar histórico: el Coloso de Santa Úrsula. Sólo la magia y el impulso de cien mil personas hará posible que nuestras ilusiones destrozadas no continúen volviéndose añicos. La resurrección debe empezar este miércoles. La Volpe acertó: el Tri Sub-17 no sirvió más que como algarabía pasajera y nuestros delanteros se pierden ante la extrema competencia de futbolistas extranjeros. Mi triste Selección no es más que un equipo que apela a la democracia mundial de la FIFA para aspirar a uno de los boletos tercermundistas a Sudáfrica 2010. Sobre la cancha del Azteca, quiero ver una victoria de los nuestros, pero sin olvidar que hemos sido un auténtico desastre y que ningún país de la máxima talla futbolera ha vivido de un Campeonato Mundial Sub-17.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MEDIOTIEMPO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.