
Momento vs constancia
El futbol en México sabe muy poco de justicia y mucho de coronar a equipos que arriban a la Liguilla después de remar contracorriente para colarse de última hora a las instancias finales. Si ya de por sí el deporte más popular del planeta trae impreso en su esencia el sello de incertidumbre que acaba con los valores absolutos, esta cualidad se engendra aún más bajo el sistema de competencia que rige nuestro balompié. La liguilla no garantiza que obtenga el título el mejor conjunto del último semestre, sino aquel que alcanza la cúspide de su rendimiento en el momento de la verdad.
El duelo final, la batalla magna entre los Pumas y el Atlante nos da pie a preguntarnos qué podrá más, la motivación y el buen juego desplegado por los universitarios a últimas fechas o la regularidad venida a menos de los equinos. Cada partido escribe una nueva historia, ocupa una página en blanca que no necesariamente va acorde a lo que dicta el resto del libro; sin embargo, quienes hemos visto en acción a los dos contendientes a la corona del Apertura 2007 podemos afirmar que los capitalinos llegan a plenitud, con la motivación en su nivel más alto y con una fortaleza ofensiva que explotó en el instante preciso. En cambio, los dirigidos por José Guadalupe Cruz sembraron ciertas dudas en la eliminatoria ante las Chivas Rayadas del Guadalajara, perdieron el peso específico en la zona de concreción y sufrieron hasta el último segundo para amarrar su boleto a la Final.
¿Quién tiene más o menos merecimientos? La teoría señala que el Atlante. Suena justo premiar al que se ha mantenido en buen nivel durante más tiempo pero la naturaleza de la liguilla no respeta la constancia y sí en cambio la explosividad temporal que suele explotar en algunas escuadras que se instalan en las etapas de vida o muerte. De cualquier manera, las reglas están claras, aceptadas por cada uno de los dieciocho equipos del Máximo Circuito.
La interrogante surge enseguida: ¿qué preferimos quienes gustamos del futbol? Lo digo porque llevamos años bajo esta modalidad, la criticamos, la señalamos como una de las culpables del lento proceso de crecimiento de nuestro balompié y, al mismo tiempo, en una de nuestras muchas contradicciones, nos rendimos a sus encantos, nos olvidamos de los cuestionamientos cuando nuestra escuadra clasificó de panzazo y disfrutamos el sufrimiento de los aficionados que pasaron de la gloria en la Fase Regular al adiós anticipado en la llamada fiesta grande.
La Final sólo será una pequeña muestra del conflicto entre la constancia y el momento. En las Semifinales vimos un caso aún más extremo. El octavo lugar echó al primero gracias a la inercia con que llegó el comando estudiantil. El propio Atlante hizo algo todavía más espectacular para conseguir su último título de liga: ingresó por la puerta trasera, como el equipo al que nadie le apostaba y terminó acaparando la gloria.
Nuestro futbol no es justo, inútil defender esa palabra en el medio futbolístico nacional. Pero pensemos un poco en la vida cotidiana, en nuestro día a día… Me parece que en ella hay muchas características que tiene la liguilla, y es que como estudiantes o profesionistas podemos ser constantes durante la mayor parte del año mas eso no nos exenta de tener que rendir con eficiencia a la hora del examen o al momento de presentar un proyecto que decidirá nuestro futuro inmediato en determinada empresa.
Aterricen en la cancha, imaginen lo que sucederá y díganme qué será más importante en los últimos ciento ochenta minutos de torneo, la constancia o el momento, palabra mágica de las finales. Opina de esta columna aquí
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