Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Obligación implícita

El América, pese a su extensa plantilla de jugadores, no ha podido amalgamar de buena forma su participación en el torneo local y en la Copa Libertadores. Los factores que generan este fenómeno van más allá de la tan socorrida excusa del cansancio físico para entrar en aspectos tan diversos como la mentalidad y el deseo de sobresalir en competencias de talla internacional, olvidando la siempre presente obligación de destacar en el ámbito casero, en especial, cuando se trata de una de las instituciones que, al menos en la teoría, se encuentra llamada a sobresalir y a disputar los sitios de privilegio en toda competencia en la que actúa.

De acuerdo a lo visto sobre el terreno de juego, el problema de las Águilas no radica en el número de posibilidades que posee para alternar a su once inicial, sino en la capacidad  de los suplentes para cubrir correctamente la ausencia de los que habitualmente integran el cuadro titular. Resulta más que evidente que el funcionamiento de la escuadra capitalina decae considerablemente en cuanto se ve orillada a ejecutar movimientos en su estructura; ni Ariel González ni Marco Antonio Reyna cuentan con los recursos futbolísticos requeridos para hacer olvidar o, cuando menos, igualar el papel que desempeñan Cuauhtémoc Blanco y Germán Villa, cada uno en sus respectivas funciones. Es aquí donde radica la importancia de elegir con tino a los refuerzos y, al menos hasta el día de hoy, parece que la directiva y el cuerpo técnico se equivocaron al contratar los servicios de González.

Ciertamente, no se puede negar el derecho que tienen los capitalinos de inclinarse hacia los horizontes que mejor les convengan, pero, en la misma medida, deben estar conscientes de la responsabilidad que aceptaron al integrarse a una entidad con peso histórico y con altas exigencias de protagonismo desde el momento de su gestación; no corresponder a esa naturaleza atentaría contra los intereses de sus miles de aficionados, que siguen añorando los tiempos de grandeza.

Leo Beenhakker tendrá que entender la imperiosa necesidad de hallar cierto equilibro entre el nivel futbolístico mostrado en la justa continental y en el certamen mexicano, entregándose con  el mismo profesionalismo y seriedad en ambas competiciones. De lo contrario, lo que actualmente es una simple amenaza podría significarse como un nuevo fracaso en el ya de por sí deteriorado corazón azulcrema.

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