Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Peligrosos extremos

Cuando no se posee o no se quiere aprovechar la capacidad de encontrar el punto intermedio entre lo blanco y lo negro se corre el riesgo de caer en exageraciones que dificultan el trabajo a futuro y entorpecen el presente. En el medio futbolístico nacional, tan proclive a caer en el cómodo ejercicio de alabar desmedidamente en la victoria y de matar sin piedad en  la derrota, se presentaron manifestaciones de alarma e incertidumbre tras la igualada ante Panamá. Los mismos que hace algunos días anunciaban al tricolor como el “Gigante de la Concacaf” después del triunfo obtenido frente a Estados Unidos, dramatizan los efectos del empate frente a la “Marea Roja” y hasta se atreven a demandar respuestas que expliquen la “crisis” del conjunto azteca. Visto desde el punto netamente estadístico, sumar en patio ajeno resulta benéfico para nuestras aspiraciones de clasificar a la Copa Mundial Alemania 2006; bajo la óptica deportiva, compartir unidades con los panameños no refleja la superioridad técnica e individual del balompié azteca sobre el centroamericano, pero tampoco es motivo suficiente para encender los focos de alarma y considerar que el boleto a la máxima justa balompédica del orbe está en peligro.

El domingo pasado, México se impuso a los odiados vecinos del norte con un estilo de juego agresivo y por momentos espectacular. La retaguardia rival continuamente fue superada por los verdes, que generaron cualquier cantidad de oportunidades a lo largo de la parte complementaria.  Sin embargo, el dominio del tricolor sobre el rectángulo verde apenas alcanzó para vencer dos goles a uno a los dirigidos por Bruce Arena. La falta de contundencia originó que el trámite de la contienda se dificultara y que el Estadio Azteca terminara implorando la finalización del cotejo. Las reacciones ensalzando el desempeño de los nuestros no se hicieron esperar. Una lluvia de elogios se produjo, mientras que los diarios vendieron a granel con encabezados que desbordaban optimismo y alegría. La improductividad en el último toque era lo de menos.

Tres días después, la historia se modificó radicalmente. La escuadra de Ricardo Lavolpe fue incapaz de mantener el paso perfecto en la eliminatoria mundialista y sufrió enormidades para salir con vida de tierra panameña. Los jugadores no rindieron al nivel que se esperaba, las desatenciones en el sector bajo fueron una constante y los excesos de confianza, para no variar, cerca estuvieron de llevarnos a una derrota sumamente dolorosa. La oleada de  críticas se gestó como efecto inmediato. Algunos de estos cuestionamientos estuvieron fundamentados en la realidad; otros, simplemente buscan generar escándalo, sin que importe la objetividad de los juicios emitidos.

No se puede ni se debe seguir así. México lleva años pasando del día a la noche sin aceptar los niveles que hay entre ambas fases. Para aspirar a la grandeza, es necesario aplicar la autocrítica responsable. Vencer a Estados Unidos no nos convierte ni remotamente en campeones del mundo. Empatar con Panamá es una fuerte llamada de atención, pero no significa que baste para desgarrarse las vestiduras. La facilidad con que el tricolor es pasado de la magnanimidad a la pestilencia habla mal de quienes, con argumento en mano, estamos obligados a esclarecer el ambiente, no a enturbiarlo con argumentos baratos y subjetivos. 

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