
¿Se equivocan los estadounidenses?
El futbol tiene características ajenas a la ideología norteamericana. A nuestros vecinos del norte les desagradan algunas singularidades del balompié, pequeños detalles que impiden, por más intentos realizados, que el soccer (como gustan decir ellos) alcance una repercusión notable en su sociedad.
Al respecto, leo un artículo escrito por Stefan Szymanski, Profesor de economía en la Tanaka Business School, Imperial College en Londres. Lo encontré dentro de la revista española Vanguardia, escondida en los escaparates de Sanborns, atrás de Futbol Total y en los espacios que nadie alcanza a ver, pero se trata de una auténtica joya académica en el tema del futbol, pues forma parte de un especial que fue publicado con motivo de la Copa del Mundo Alemania 2006.
Bajo el nombre de Cómo los estadounidenses están aprendiendo a apreciar el deporte global, Szymanski nos explica a qué se debe la reticencia de los americanos a volverse fanáticos de nuestro futbol, el que se juega con los pies. Entre los aspectos esgrimidos destacó los siguientes.
1.- No hay un final claro del partido: a los aficionados norteamericanos (como a cualquier otro) les desagrada no vivir momentos emocionantes al término de un partido. No se sabe exactamente cuándo se va a escuchar el silbatazo final y, salvo contadas ocasiones, no hay mucha emoción en esa última probada de partido. Situación contraria a sus deportes, en los que por medio de entradas o un cronómetro se sabe exactamente cuánto falta para el desenlace de las hostilidades.
2.- Poco movimiento en el marcador: les desespera no ver movimiento en la pizarra. De nuevo, estoy seguro que coincidimos con ellos al estar molestos por los pocos goles que suelen presentarse. Aunque en su contra encontramos, haciendo alusión al artículo de Szymanski, que ellos se dan por bien servidos con un cero a cero en una partida de béisbol, pues equivaldría a una magnífica actuación de los lanzadores en turno.
3.- Demasiados empates: íntimamente ligado con el punto dos. A los norteamericanos, como a nosotros, nos gusta ganar. La idea de pagar un boleto para que no haya un vencedor resulta poco atractiva.
4.- Violencia fuera del campo: a los estadounidenses les cuesta trabajo asimilar que el deporte se asocie con la violencia fuera del campo de juego.
Ellos consienten la violencia hacia dentro, de ahí que tengan gran audiencia las batallas campales en el béisbol, los golpes en el hockey y las tacleadas en el americano, pero perciben el deporte como un espectáculo que aligera la violencia de una sociedad seriamente afectada por este mal fuera de los terrenos deportivos.
5.- Grado de diversión máximo: la sociedad estadounidense echa de menos los notables esfuerzos de los organizadores de sus deportes. El futbol descuida la experiencia de los aficionados; usualmente, se paga un boleto por el simple hecho de ver el partido de futbol, sin que verdaderamente se reciba algo más a cambio. A los norteamericanos no les molesta pagar más con tal de tener acceso a servicios y entretenimientos complementarios.
Lo que más me sorprendió al pararme a pensar en los puntos arriba citados es que en realidad su punto de vista es bastante válido. Cualquier aficionado desea lo que arriba se cita.
Con un equilibrio sano, sin hacer reformas que alteren la esencia de nuestro balompié; pero hay que reconocerles a los estadounidenses su capacidad para construir verdaderas actividades de entretenimiento. Sólo así, aceptando que ellos saben de lo que hablen, podemos explicar que hace un par de años los derechos de transmisión de la NFL fueran de 3,000 millones de dólares, mientras que los de la Champions League fueron apenas de seiscientos millones.
Vuelvo a preguntar: ¿se equivocan los estadounidenses? Habría que aceptar de buena manera un poco de su influencia en nuestro deporte.
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