Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Bravo, su logro y nuestras reflexiones

El fin de la sequía de títulos de goleo para delanteros mexicanos tardó más de seis años en producirse. Por razones propias de un futbol que gusta de ceder el talento creativo y la concreción a hombres de otras nacionalidades, se dificulta que un artillero nacido en casa se consagre como el máximo romperredes. Los años pasaron, uno a uno, sin que delanteros hechos en México pudieran llevarse la corona. Y nuestros directivos tan campantes como siempre, apoyándose en extranjeros de medio pelo y en alternativas muchas veces impuestas por intereses de promotores y de personas ligadas al grupo que toma las decisiones administrativas y/o deportivas.

El éxito de Omar Bravo en la recién concluida fase regular del Clausura 2007 no debe pasarse por alto, aunque tampoco es motivo suficiente para echar las campanas al vuelo. El jugador sinaloense sacó la casta por el orgullo de nuestro balompié y marcó once tantos, cantidad suficiente para coronarse en una competencia que ha dejado muchas dudas desde la instauración de los torneos cortos, pues basta una pequeña racha para obtener el título, clasificar o hasta para alzarse como el mejor artillero del certamen.

El nueve de las Chivas Rayadas del Guadalajara tiene elementos de peso para ser considerado como una de las máximas realidades del balompié mexicano; sin embargo, y pese a lo complicado que resulta cuestionar la capacidad de un jugador cuando acaba de coronarse como el más efectivo frente a la meta rival, hay que reconocer que no es un fuera de serie, tampoco un dechado de técnica individual. Sus principales características, que encierran un reconocimiento indiscutible, son su certera capacidad para ubicarse donde más daño puede ocasionar y esa garra indómita a la hora de enfrentar los compromisos con su club.

Omar, con esa enjundia que ha fungido como sello distintivo de su trayectoria futbolística, podría estar cerca de cumplir el sueño pendiente que para él significa probar suerte en el balompié del Viejo Continente. De concretarlo, se irá después ratificarse como uno de los mayores símbolos de la era moderna para la institución del Rebaño Sagrado, pero también aceptando que sus condiciones no son nada extraordinarias para ligas de mayor nivel competitivo.

Insisto, el logro ahí queda, para los archivos y para ser tomado en cuenta por el actual técnico de la Selección Nacional. De la misma forma, sería bueno que además de reconocer su destacada participación en el Clausura 2007, se le diera relevancia al trabajo realizado por algunos de sus acompañantes, como Adolfo Bautista y Alberto Medina, sin cuya aportación, con absoluta seguridad, estaríamos hablando de números menores. Se confirma que detrás de artilleros galardonados están esos fieles armadores que ponen balones y alimentan el hambre de los delanteros. Hugo Sánchez fue un claro ejemplo de ello con Butragueño, Michel y compañía…

El punto de conclusión de este análisis respecto a lo hecho por Omar Bravo, radica en enfatizar la importancia de apostar por el talento mexicano. No es, a fin de cuentas, cierto en su totalidad que carecemos de atacantes con la capacidad suficiente para imponerse a la legión extranjera que invade la competencia local.

Los futbolistas foráneos, como nuestros representantes, pueden ser buenos, regulares, malos o pésimos, con la única diferencia de que a ellos se les termina abriendo la puerta con mayor facilidad, como si nuestros jugadores –especialmente en el eje de ataque- tuvieran que pagar un derecho de piso  para ser tomados en cuenta.

Omar puso la muestra. Resta esperar que los directivos sepan invertir su dinero, den oportunidad a jóvenes que cobrando menos  que las numerosas promesas sudamericanas llegadas cada seis meses podrían entregar buenos dividendos y hasta cotizarse alto en la tabla de goleo individual.

No es un problema de incapacidad, es una muralla meramente ideológica de técnicos y directivos, quienes en un alto porcentaje se empeñan en reservar ciertas plazas a hombres de otras latitudes. Entendible que se invierta dinero en posiciones clave, sucede en muchos otros países, pero inexplicable que se haga como un proceso automatizado más que como una decisión bien analizada y pensada en beneficiar los intereses de una institución.

Nada mal caería abrir de cuando en cuando un espacio a jugadores hechos en México. Esa es justamente la reflexión que nos debe heredar la corona de goleo individual de Omar Bravo.

Opina de esta columna aquí.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MEDIOTIEMPO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.