Columna de Caleb Ordoñez

Bienvenido, Mikel Arriola

Caleb Ordoñez Talavera

“¡Aficionados que viven la intensidad del futbol!”. Muchos de nosotros comenzábamos a emocionarnos, al escuchar esa frase del narrador tampiqueño Enrique “Perro” Bermúdez, fuera un partido en torneo, liguilla o final.

Luego también fuimos creciendo. La información nos empoderaba para hablar de equipos internacionales, desde el Real Madrid hasta el Manchester United; fuimos aprendiendo los nombres de jugadores, sus nacionalidades e incluso, gracias a las consolas de videojuegos jugamos con ellos, aprovechando las cualidades de Patrick Kluivert hasta Kylian Mbappé.

Pero los niños de esta nueva generación lo saben prácticamente todo, ya no se habla solo de las destrezas deportivas en las canchas de sus ídolos. Ahora saben cuánto dinero ganan y a cuánto ascienden sus millonarias cuentas bancarias. Gracias a las redes sociales, conocen cómo viven, a sus familias, sus problemas personales e incluso pueden interactuar con ellos.

El futbol ha avanzado de manera veloz e impetuosa, a quienes amamos el juego de pelota nos apasiona cualquier partido. Eso se comprobó todo el 2020, que no pudimos apoyar a nuestro equipo en las gradas o no pudimos hacer un viaje largo para apoyar a la Selección Mexicana. Pero además al principio de la pandemia que causó el COVID- 19 ni siquiera habían partidos de equipos conocidos, por lo que muchos tuvimos que disfrutar juegos que jamás hubiéramos imaginado. Recuerdo que algún día de mayo del año pasado, no me perdí ningún minuto entre dos equipos cuyo nombre no podría pronunciar pues formaban parte de la liga de Bielorrusia.

Tengo la gran fortuna de haber acudido al último partido con público de la Serie A italiana, en Florencia. Un juegazo entre el Milán contra la Fiorentina con un empate, aquél 22 de febrero del 2020. El estadio estaba repleto, todos nadábamos entre coronavirus, sin que la liga estuviera preparada con alguna medida de sana distancia o gel antibacterial, nada de nada. Pero podría asegurar que incluso sabiendo que estaba en peligro de contagiarme (en aquél entonces no tenía idea de las consecuencias del COVID-19), hubiera disfrutado ese encuentro, gritando goles, cantando los “olés” con desconocidos, porque así es la enfermedad más grande, el virus imperante del futbol en las venas.

Y aunque en los debates interminables entre amigos y compañeros de equipo, algunos puedan atajar “yo no veo el futbol mexicano, solo el extranjero”, mienten con todos los dientes.

El futbol de la Liga MX tiene un sabor distinto a cualquier otra liga. Como buenos mexicanos, sabemos mexicanizarlo todo, mejorarlo según nuestro paladar (Por eso podemos encontrar hasta sushi con frijoles y chiles toreados). Nuestra liga huele a cerveza y botana. Suena a risas y mentadas de madre. Las playeras de nuestros equipos podrán parecer periódicos murales, pero seguimos amando y respetando los colores.

Hemos sufrido. Y así lo acredita un fiel aficionado del Necaxa, que ha visto a su equipo ser un subibaja, hundirse en el ascenso, regresar a primera, volver a irse y con escuadras muy humildes ilusionarse para volver a perder, solo recordando sus viejas glorias.

Muchos de nosotros, hemos llorado por felicidad o tristeza en una liga que solemos menospreciar hasta el averno. Pero, dentro de lo profundo de nuestro corazón, seguimos amando, porque es nuestra esencia, es parte de nuestra cultura, nuestra religión y sabemos como convertir cada partido en una fiesta con la algarabía que admira y envidia el mundo entero.

Un nuevo comienzo

Este fin de semana es la primera jornada del Guard1anes 2021 y entrará “a la cancha” por primera vez, un nuevo presidente ejecutivo, se trata de Mikel Arriola Peñalosa. Con humildad, el conocido político ha llegado a aprender de la pasión descrita anteriormente. El primero de sus retos será enamorarse, endiosarse, excitarse y enloquecerse por lo que sucede dentro de la cancha; impregnarse, enfermarse y contagiarse de ese furor y frenesí que se vive en la candente sangre de la afición mexicana.

Pero, ese reto es sencillo. Hay otros mucho más complejos. Porque nuestro futbol es oscuro y poco creíble. Carga con la cochina duda de los juegos arreglados, arbitrajes amañados y disparidades económicas entre equipos que lo hace irregular. Nuestro futbol llega a ser violento, racista, homófobo, y muy costoso para ser disfrutado en los estadios para los más pobres.

Porque la multipropiedad es un tema escabroso.

En una liga donde pareciera que vive más de los dólares de nuestros paisanos en Estados Unidos, que la intención de los dueños del balón por exaltar el futbol a otros países y poder competir contra Sudamérica o Europa, esos ya son sueños guajiros. Porque nos hemos escondido del mundo y ningún asiático, en su sano juicio, escogería un equipo de la Liga MX en un partido de FIFA en su Playstation.

Bienvenido, Mikel Arriola. Estoy seguro que durante estos meses, desde que fuiste fichado, te has empapado de todo lo dicho y mucho más. Las críticas no te faltarán, estoy seguro que abundarán, porque en los medios solemos presionar y volver a hacerlo, pero también se sabe aplaudir y dar crédito.

El asunto con los nuevos comienzos es que requieren de que algo más termine. Y si en verdad quieres -como has repetido hasta el cansancio- engrandecer esta noble liga, habrá mucho por cortar desde raíz, solo así acabarán tantas nubes oscuras alrededor.

No tendría que hacerte ninguna recomendación sobre la afición, pues te conocí en tu labor en el IMSS y fui testigo de que desde esa dirección. Comprendiste el dolor y la tristeza que se vive en este país diariamente. El futbol, el futbol también es una gran medicina y se necesita emplear más que nunca.