Columna de Caleb Ordoñez

Intolerancia al racismo

Caleb Ordoñez Talavera

“No soy racista” insiste un 67% de los mexicanos. Mientras que se ha comprobado que el color de piel sí es una condición importante para conseguir mejores empleos. “No juzgo a nadie” dicen, cuando a más del 70% de los mexicanos les incomodaría convivir en su casa con un homosexual o una lesbiana.

Se han cerrado los ojos de millones de personas a una realidad muy lacerante, un virus que abunda en nuestra sociedad. Pensamos que callando los temas clasistas y racistas no existirán más. Pero nuestra frontera sur es el reflejo de que México es uno de los países que más maltrata a los migrantes.

Si ponemos la perspectiva en carne viva, según una reciente encuesta del periódico El Financiero, señala que el 63% del los mexicanos piensa que no solo se debería de levantar un muro hacia Centroamérica, sino que se debe cerrar por completo la frontera para que ningún migrante sin papeles pueda cruzar.

Además, los mexicanos creemos ser más “blancos” de lo que creemos. En un estudio de autopercepción, nuestra identidad social y de estereotipos demostró que el 67% de los encuestados dijo ser blanco intermedio y el 12% dijo ser blanco rosado.

Sin embargo, cuando el color de piel es contrastado por el encuestador con el patrón PERLA, el color de piel se oscurece. Esto quiere decir que la población mexicana tiende a percibirse con un color de piel más claro respecto al que verdaderamente tiene y nos es difícil aceptar que nuestra piel pueda ser más oscura, pues lo relacionamos directamente con la cuestión socioeconómica.

Esta realidad, aunque sea intentada callar, no es ajena a nadie que piensa más allá de sí mismo.

Pero si el racismo es un virus en la sociedad, una gran vacuna es el deporte. Los valores que tienen las competencias deportivas tienen mucho que ver en grandes hazañas que nos hablan de integración e igualdad. Aunque no ha sido fácil lograrlo.

Atletas de color han triunfado por encima de todo obstáculo de segregación.

¿Quién puede no estar contento al conocer la historia del rostro enfurecido de Hitler cuando fue testigo del velocista Jesse Owens conquistando el oro en Berlín 1936? Enterrando de facto esa estúpida teoría de la supremacía aria. Este año se cumplirán 85 años de ese momento histórico.

“Aquí no pasa nada”

La gente de color ha llenado los anaqueles de heroísmos deportivos. Sin embargo, no debemos negar que en México seguimos imprimiendo nuestra mentalidad en una cancha o en una pista. Seguimos gritando desde las gradas “simio”, “negro” u otras manifestaciones de odio ‘justificando’ que son adversarios de nuestro equipo.

El pasado 18 de febrero, en un partido profesional de futbol entre Santos Laguna y el Atlético San Luis, el jugador ecuatoriano Félix Torres explotó a unos segundos de terminar el partido. Su equipo perdía en el marcador y muchos creerían que su desesperación se trataba de la frustración, por no tener tiempo para empatar el marcador, sin embargo su furia –que además le costó la expulsión- se trató de una insulto que recibió: “¡Feo negro!” alguien gritó en medio de una pequeña trifulca en la que se envolvieron algunos jugadores de ambos equipos, incluyendo un recogebalones.

Minutos después Torres ofreció una rueda de prensa donde, sin poder contener el llanto, dijo: “Me siento golpeado en este momento y me da mucha tristeza que esté pasando esto en el futbol. Una persona como yo, que no tengo problemas con nadie, que trato de llevarme con todos, sean del color que sea. Mis compañeros, no importa el color que yo tenga, me quieren así, saben la persona que soy y saben el dolor que estoy sintiendo ahora. Me siento identificado como negro, amo mi color…”.

Esto podría ser “un evento desagradable más”, sin embargo el hecho de que como mexicanos no reconozcamos que tenemos problemas serios en cuanto al grado de racismo que albergamos en la mentalidad colectiva, necesita de una intervención, debe ser confrontado con nosotros mismos.

La escena que sucedió, no solo debe de ser investigada y sancionada hasta las últimas consecuencias, sino que se debe convertir en un hito para que se erradiquen estas vergonzosas prácticas en el deporte mexicano.

La mano no le debe temblar a los directivos, ni al presidente de la liga, Mikel Arriola.

Se debe emprender una fuerte campaña, que trascienda las canchas y los estadios, hasta que el futbol ayude a educar y concientizar a las familias, principalmente a los niños, que en esta nueva etapa global, ser racista es completamente intolerable.

Las lágrimas de Félix Torres reflejan un dolor que existe, pero que debe ser contenido y sanado desde la raíz. Estamos a tiempo de vomitar todo acto racista en México, nos lo agradecerán las nuevas generaciones para lograr un país menos indolente y más educado.