Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Adecuada proporción

El Hexagonal Eliminatorio para la Copa del Mundo fue superado sin mayores contratiempos por la Selección Mexicana. La Volpe, con el altivo tono que lo caracteriza, presume por doquier la comodidad con la que se garantizó la presencia tricolor en suelo teutón. Ricardo Antonio cumplió cabalmente con su palabra. El éxito alcanzado no debe ser menospreciado después de haber sufrido hasta el último momento en la clasificatoria anterior; sin embargo, convertir un trámite forzoso y fácilmente superable en el estandarte principal de un proceso entraña el riesgo de producir un espejismo dañino para las diferentes esferas que conforman el balompié nacional. Los jugadores están obligados a entender que la etiqueta del éxito o del fracaso únicamente podrá ser obtenida a mediados del próximo año; los integrantes del cuerpo técnico, por más egocéntricos que sean, tampoco pueden colocarse una venda en los ojos: simplemente se consiguió un boleto indispensable para soñar con el paso definitivo hacia la consolidación, pero nada que por sí mismo merezca la carretada de elogios acontecida en últimas fechas. En pocas palabras, se trata de una tarea cumplida, de un acierto rumbo a la prueba final.

La vorágine mundialista que inunda el noble corazón de los aficionados y la voracidad de los medios de comunicación por garantizarse la mayor audiencia provoca festejos desmedidos y numerosas exageraciones. Si anteriormente se criticaba la posición consentidora de Televisa hacia todo lo que tuviera que ver con el conjunto verde, TV Azteca se ha encargado de imitar dicho modelo mediante campañas publicitarias que dejan al periodista como un seguidor incondicional del cuadro tricolor. Día a día se comprueba que las utilidades son más importantes que la credibilidad y el profesionalismo. De pronto, como si de una regla se tratara, quien se niega a unirse al carro del optimismo extremo es tachado de traidor y mentiroso. El natural sentimiento nacionalista se confunde para dar paso a una ceguera voluntaria que atenta contra el espíritu crítico e ignora la inteligencia de los fanáticos. Hace falta asimilar que el apoyo constructivo no radica en rostros pintados ni en portar la playera oficial, sino en cuestionar las fallas e identificar las fortalezas. Un entorno con capacidad de análisis es mucho más benéfico que uno desbordado de algarabía.

El caso de Guillermo Franco es la inequívoca muestra del elogio barato y poco preciso. Después de cumplir con una sobresaliente actuación en su debut con el batallón azteca han proliferado las voces que señalan al artillero regiomontano como el héroe de nuestro futbol, como el “Mesías” que llegó del cielo para guiarnos hacia la gloria. Su desempeño fue satisfactorio: un gol y dos asistencias lo avalan, pero considerar como necesario a un jugador por el hecho de colaborar en la consecución de un triunfo ante Guatemala carece de parámetros confiables. Cuando se busca estudiar el funcionamiento de un elemento hay que tomar en cuenta la calidad del rival enfrentado, el sitio en el que se llevó a cabo la contienda y los antecedentes directos entre ambos equipos. Vencer a los chapines dista mucho de ser una novedad, ni siquiera lo abultado del marcador es del todo sorpresivo. El “Guille” se ganó con justicia otra oportunidad; de eso a prácticamente garantizarle un lugar en Alemania 2006 hay un largo trecho.

México está en la última fase previa a la Copa del Mundo. Es el momento oportuno para erradicar los defectos y pulir las virtudes, después ya no habrá tiempo. Quienes hoy alaban sin reserva corren el riesgo de llevarse una severa desilusión a mediados del próximo año...

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