Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Aprendiendo a ser el técnico de la selección

Ricardo Lavolpe soñaba con llegar al timón de la selección nacional, ansiaba la posibilidad de cumplir un ciclo de cuatro años al frente del conjunto verde, de revolucionar la forma de trabajo en el equipo tricolor y de darle oportunidad a los jóvenes valores del fútbol mexicano.

Su sueño se cumplió, los directivos de la federación mexicana de fútbol decidieron encomendarle la difícil labor de dirigir las riendas del seleccionado azteca y le propusieron, como casi siempre sucede, un contrato a largo plazo y que culmina con la Copa Mundial del 2006. Sin embargo, el argentino no ha terminado de comprender que las funciones concernientes a una persona que está al frente del banquillo nacional no se limitan a ser un buen entrenador, no se basan únicamente en la función que realiza su escuadra dentro del terreno de juego, sino que abarca un aspecto que nunca ha sido su fuerte: el de las relaciones públicas. Es en este rubro en donde el pampero ha tropezado una y otra vez; los conflictos y críticas se han venido como en cascada y ,mientras tanto,  Lavolpe sigue cayendo en la trampa de muchos medios y personas que lo quisieran ver fuera del tricolor.

El timonel nacional está pagando muy caro el precio de ser novato en estas lides, y es que a pesar de tener una amplia experiencia dentro de nuestro fútbol, no supo medir los verdaderos alcances de sus actos, no entendió que ponerse a la prensa en su contra conlleva un altísimo riesgo y que levantar polémica con uno de los jugadores más populares de este país ocasiona que el verdadero perdedor sea él.

Lamentablemente, los comentarios adversos acerca de su gestión se refieren, en su gran mayoría, a aspectos extrafutbolísticos; han importado más las quejas en contra de los medios de comunicación que la falta de gol de la escuadra que dirige. Muy pocos se encuentran interesados en la preparación que el conjunto azteca está teniendo con miras a la Copa de Oro, en cambio,  cada palabra o cada gesto es estudiado con lupa y, al ver que ha resultado vulnerable en estos tópicos , buscan el más mínimo resquicio de escándalo para ubicarlo contra la pared.

Lavolpe tiene que entender que en su cargo todo lo que diga puede ser usado en su contra y que estar sentado en la banca de la selección ocasiona que las envidias y corajes aumenten considerablemente.

La Copa de Oro se significa como la más grande oportunidad de Ricardo para disminuir la tempestad pero, a su vez, pudiera convertirse en el más grande detonador para acrecentar la crisis por la que atraviesa.

Hoy más que nunca, ganar este torneo es una obligación y, por su propio bien, debe terminar por aceptarlo, de lo contrario, lo que ayer fue un gran sueño podría transformarse en una auténtica pesadilla.

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