
México y su Selección
Las fiestas patrias me llevaron a pensar cómo sería nuestro día a día sin la existencia de una Selección a la cual apoyar. El futbol, como pocos ámbitos en la vida del México de hoy, nos permite rescatar nuestro nexo con el país en que nacimos y nos recuerda, aunque sea en una pequeña medida, el valor de sostener batallas y librar encuentros en nombre de nuestra nación. El balompié, como yo lo entiendo, es una guerra controlada, un conflicto en el que los triunfos se gozan y las derrotas, por fortuna, nunca o casi nunca tienen más efecto que la tristeza momentánea, pero siempre con el consuelo de saber que una nueva oportunidad está por llegar. Obsoleto, anticuado, quizás. Algunos dirán que de tercer mundo. Lo cierto es que para un servidor la Selección Mexicana es un bien o mal (de acuerdo a como se le quiera ver) necesario. No me imagino a un medio futbolístico nacional que privilegie el rendimiento de sus equipos sobre el del conjunto mexicano. Cuando en Inglaterra, por citar un ejemplo, se aprecia que los fanáticos del Manchester United están más preocupados por el éxito de su escuadra que por el de la representación nacional, me digo que yo no podría actuar así, que por una u otra razón el sentimiento de unidad que genera el equipo verde entre millones de mexicanos está por encima del bien particular de tal o cual equipo en nuestro balompié. Hace ya varios meses, un buen amigo dentro de Medio Tiempo me comentaba que crecer duele, que el desarrollo suele traer consigo costos que después se equiparan con los beneficios. Tiene razón. Sin embargo, acepto que al menos en este rubro me quedo con el nacionalismo de los países del continente americano en detrimento de la visión del grueso de los aficionados en el Viejo Continente. Me gusta que todo un país se vuelva loco cada cuatro años, que en cada Copa América estemos ansiosos por demostrar que podemos pelear de tú a tú contra Argentina y Brasil. A este respecto -sin ganas de alimentar una polémica gastada, pero con el deseo personal de exponer el valor de la identidad en una Selección- debo admitir que el caso de los naturalizados no es de mi total agrado. No lo digo por razones xenofóbicas; tampoco por el simple hecho de criticar el status actual de nuestro equipo nacional. Yo me limito a preguntarte si en verdad ves a un mexicano cuando observas a Leandro o a Vicente Matías Vuoso. Diferente es, al menos desde mi perspectiva, en el caso de Sinha, hombre que se fue ganando la aceptación del público mexicano y que fue tomado como un recurso más que como un elemento llamado a suplir todas las carencias de nuestros futbolistas. La historia nos indica que la necedad es dañina. La lealtad incondicional abre la puerta a pecar de inocente. En este caso particular, en el de la Selección Mexicana, me queda claro que ahí estaré, como millones de mexicanos, perdonando eliminaciones, celebrando las épicas victorias. Y es que no me pueden negar que nuestro equipo nos permite sentirnos parte de un ejército que lucha por la victoria y por los suyos. Opina de esta columna aquí.
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