Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Tiempo de crecer

México volvió a irrumpir violentamente en las primeras planas de los diarios. El meritorio triunfo ante la Selección Brasileña provocó el asombro del medio futbolístico y la alegría de la siempre entusiasta afición tricolor. Maniatar a una escuadra tan peligrosa como la dirigida por Carlos Alberto Parreira requiere una excelente aplicación colectiva, concentración durante los noventa minutos de la contienda y una considerable dosis de suerte. El conjunto verde tuvo en sus manos todos los ingredientes necesarios para alcanzar las tres unidades, creyó en sí mismo y confirmó que las distancias en el balompié se han acortado. La representación amazónica posee mayores facultades con la pelota en los pies; sin embargo,  hace tiempo que el peso de las individualidades dejó de ser garantía de éxito. En tiempos actuales, la táctica y la estrategia constantemente se imponen a la inspiración aislada. El juego de conjunto, como en un tablero de ajedrez donde los peones señalan el principio de la victoria, es la llave del éxito para los equipos que técnicamente hablando son inferiores.

El cuadro dirigido por Ricardo La Volpe siempre supo leer a la perfección el rumbo del partido. El elogiable análisis realizado desde el banquillo fue transmitido con incomparable fidelidad a los jugadores, quienes en todo momento se anticiparon a los movimientos de la poderosa artillería amazónica. Para vencer a rivales que hacen maravillas con la de gajos no existe mecanismo más oportuno que estar siempre un paso adelante. Los verdes se limitaron a obedecer un proceso que de tan sencillo resulta irrealizable para la mayoría: decidieron con el intelecto y ejecutaron con el físico. Ni Ronaldinho ni cualquier otro integrante de la verdeamarelha supo descifrar la sólida estructura mexicana. La magia sucumbió ante la disciplina. El espectáculo se dio de forma diferente; el  balón terminó abandonando la samba para entregarse al jubiloso baile tapatío que comenzaba en Oswaldo Sánchez y se expandía por cada centímetro del rectángulo verde. La gloria fue simple y sencillamente para el más calculador, para el que entendió que los imposibles en este deporte son parte del pasado.

La victoria debe ser ponderada con la mayor objetividad posible. El equipo azteca consiguió el resultado más importante a lo largo del proceso corriente, y como tal merece un sincero reconocimiento. La Volpe, tan criticado en ocasiones anteriores, mostró por segundo partido consecutivo que sabe estudiar a los rivales y que las decisiones tomadas desde la línea de cal influyen más de lo que muchos piensan en la batalla que se efectúa sobre el césped. El verdadero peligro que ronda la atmósfera mexicana radica en evitar que la frustración sobrevenga a la esperanza. La asociación del presente con lo acontecido en la Copa América Perú 2004 es inevitable. En aquella oportunidad, México se impuso a la Argentina de Marcelo Bielsa; antes, había dejado ciertas dudas frente a los charrúas. El desenlace es ampliamente conocido. Los nuestros arribaron con gratos pronósticos a su favor y terminaron sucumbiendo escandalosamente en las instancias definitivas. La posibilidad de cambiar el triste final por un histórico desenlace está latente. Ya es hora de dar el golpe definitivo, de rubricar una actuación que se convierta en el parteaguas definitivo de un mejor porvenir para nuestro futbol.

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